martes, 22 de septiembre de 2015

Sexteto Tango, los mejores alumnos de Osvaldo Pugliese

Sexteto Tango con Rolando Luque
Cuando a fines de 1968, el flamante Sexteto Tango debutó en Caño 14, considerado entonces uno de los templos mayores del tango, quienes tuvieron el privilegio de estar presentes en esa jornada supieron en el acto que estaban ante una formación musical de alta jerarquía. Los músicos que integraban el Sexteto ya habían lucido sus aptitudes en la orquesta de Pugliese y cada uno de ellos era una marca registrada en materia de calidad interpretativa.
El debut en el local de calle Talcahuano colmó todas las expectativas, al punto que a los pocos meses grabaron su primer long play para el sello Roca Víctor. El álbum se llamó “Presentación del Sexteto Tango”, ocasión en que los tangueros pudimos disfrutar de temas como “Quejas de bandoneón”, “Amurado”, “La bordona” o “Danzarín”. El espaldarazo definitivo con el gran público lo logran cuando se presentaron en el popularísimo programa “Sábados Circulares”, dirigido por Pipo Mancera en Canal 13. A partir de allí comenzaron las giras por el extranjero, giras que van a incluir Estados Unidos y Europa.
La crítica de su momento saludó con cálidos conceptos la presencia de esta formación musical que se proponía forjar la difícil síntesis entre vanguardia y tradición. El desafío era grande, porque había que rehuir la tentación de imitar al autor de “La yumba” o la de extraviarse en algunas experimentaciones vanguardistas. De más está decir que el examen fue superado con las máximas calificaciones. El Sexteto Tango supo definir un estilo propio, un logro en el que tuvieron mucho que ver músicos excepcionales como Emilio Balcarce y Julián Plaza.
El conjunto nació en 1968, pero el proyecto ya estaba en la cabeza de los músicos de Pugliese desde 1965, cuando el maestro regresó de su gira de Japón y, atendiendo la crisis por la que atravesaba el tango en aquellos años, crisis que incluía una de nuestras habituales depresiones económicas, lanzó la idea de constituir una formación musical que le permitiera a algunos de sus músicos encontrar posibilidades económicas, una aspiración que en aquellos años se hizo habitual, entre otras cosas porque las orquestas “multitudinarias” de la década del cuarenta ya no estaban en condiciones de sostenerse económicamente.
Tres años después, y atendiendo a una licencia de Osvaldo Pugliese por motivos de salud, se crea el sexteto. En los primeros meses, los muchachos actúan simultáneamente en las dos formaciones. Luego y, según dicen los que saben, se separaron del maestro en los mejores términos. Los bandoneones del sexteto son los de Osvaldo Ruggiero y Víctor Lavallén; con los violines están Emilio Balcarce y Oscar Herrero; Julián Plaza, al piano; Alcides Rossi, en el contrabajo, y la voz de Jorge Maciel. Más adelante habrá otros cantores: Raúl Funes y Jorge Mariano.
Julián Plaza sumaba a sus dotes con el piano su talento con el bandoneón, Compositor y arreglador, lució sus habilidades con las orquestas de Edgardo Donato, Carlos di Sarli, Antonio Rodio y Miguel Caló. Para muchos fue junto con Balcarce el “alma mater” del sexteto. Osvaldo Ruggiero siempre se declaró un autodidacta del fueye y un discípulo incondicional de Troilo. Ruggiero ingresó con diecisiete años en la flamante orquesta de Pugliese y fue uno de los músicos que acompañó al maestro en su debut en agosto de 1939 en el Café El Nacional. Autor entre otras creaciones de “Rezongo tanguero”, en una entrevista admitió que su mayor orgullo en la vida fue una foto con Pichuco con una dedicatoria firmada por el maestro: “Al bandoneón que le queda a Buenos Aires”.
El violín de Oscar Herrero ya se había destacado con Armando Cupo, Emilio Orlando y Pedro Maffia. Herrero se inició como discípulo del violinista Emilio Cantore. En 1943, el primer violín de Pugliese, Enrique Camerano, lo convoca para sumarse a la orquesta. Músico talentoso y refinado, también fue célebre como compositor y así lo demuestran temas como “Nochero soy” y “Quejumbroso‘‘.
De Alcides Rossi, puede decirse que fue uno de los grandes contrabajistas de su tiempo. En la película “Si sos brujo” le explica a los jóvenes tangueros cómo se logra con un preciso y leve movimiento de la muñeca que la cerda del arco sobre la cuerda provoque un “ruidito” que define todo un estilo. Nacido en Mar del Plata, antes que con Pugliese lució su talento en las orquestas de Cupo y Troilo.
Víctor Lavallén fue considerado como “uno de los grandes tesoros mejor guardados del tango”. Nació en Rosario estuvo en las orquesta de Miguel Caló y Enrique Mario Francini y en 1958 se sumó a la orquesta de Pugliese. En 2007 grabó su primer álbum como solista titulado “Amanecer ciudadano”. Como arreglador, merece tenerse en cuenta sus logros en temas como “Gallo ciego” o “Bandoneón arrabalero”.
De Emilio Balcarce, alcanza con decir que fue uno de los grandes maestros del tango, un mérito reconocido por los jóvenes que lo promocionaron para que con más de ochenta años dirigiera la “Orquesta Escuela de Tango”, espacio donde volcó su experiencia, encanto y sabiduría. Temas como “La bordona”, grabado con Troilo en 1956, “Bien compadre” o “Si sos brujo”, dan cuenta de su calidad como compositor. Antes de integrar la orquesta de Pugliese, tuvo su propia orquesta y en algún momento fue el violín de la orquesta de Edgardo Donato.
Por último, el cantor Jorge Maciel, quien grabó alrededor de sesenta y seis tangos con Pugliese, orquesta a la que se sumó en 1954, después de haber pasado una temporada con Alfredo Gobbi, con el que grabó dieciocho temas. La tarjeta de presentación de Maciel fue el tango “Canzoneta” de Erma Suárez y Enrique Lary, pero también merecen destacarse entre otros “Remebranzas”, “Cascabelito” y “Recuerdo”, este último de Pugliese y Eduardo Moreno. Con el sexteto Maciel grabó veinticuatro temas, entre los que se pueden mencionar “Sentimiento gaucho”, “Chiquilín de Bachín”, “ Mi ciudad y me gente” y “Mi dolor”.
Esta galería de ases es la que lució sus aptitudes en el Hotel Victoria Plaza y en el Teatro Solís de Montevideo. Los mismos que luego fueron convocados en 1974 por el Teatro Colón junto con Aníbal Troilo, Horacio Salgán y Florindo Sassone. Como para completar el firmamento de estrellas de esa noche célebre, se sumaron a los músicos las voces de Roberto Goyeneche y Edmundo Rivero.
El Sexteto Tango grabó en todos estos años once long play, todos en el sello Roca Víctor, salvo uno producido en Japón con el sello CBS Columbia. En la década del setenta y el ochenta, el sexteto es convocado para estar presente en los principales escenarios de América latina y Europa. En París, por ejemplo, actúan durante dos meses en la mítica “Les trottoirs de Buenos Aires”. En 1983 presentan un disco con doce temas interpretados por Goyeneche. Allí se destacan el tango “Estrella” de Marcelino Hernández y Roberto Cassinelli, y el valsecito “Tres esquinas”, de Salvador Piana y Homero Manzi.
Sobre el “Sexteto Tango” dice Ricardo García Blaya: “El sexteto no fue una búsqueda a nuevas formas de interpretación ni a falsos efectismos, sus integrantes sabían perfectamente lo que querían y pese al origen común de todos ellos la orquesta de Osvaldo Pugliese- lograron un sonido propio, que fue punto de partida de otras muchas formaciones que los siguieron y, en algunos casos, los imitaron”.

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