domingo, 12 de abril de 2015

Osvaldo Tarantino

Quienes estudiaron su obra, despareja pero excelente, repiten una de sus frases célebres: “Mi mano izquierda está desarrollada dentro de los conceptos jazzísticos, mientras que con la derecha mantengo la esencia del tango”. Algunos sostienen que lo dijo en broma; otros aseguran que nunca habló con tanta seriedad. Palabras más, palabras menos, lo cierto es que el jazz lo marcó desde muy joven, concretamente a partir de las influencias de Art Tatum, Eddie Duchin y Teddy Wilson, pero algo parecido podría decirse de la música clásica en cuyos acordes se formó en su hogar gracias a las enseñanzas de don José, su padre, que dicho sea de paso, dirigía un conservatorio musical en Valentín Alsina.
Continuando con las referencias personales, todavía guardo en mi discoteca el long play grabado en 1977 acompañado por músicos de jerarquía como fueron, entre otros, Julio Ahumada, José Bragato, Quicho Díaz y Arturo Schneider. En la cara A del disco lo acompaña a Néstor Fabián, mientras que en la otra cara interpreta seis temas instrumentales: “Buenos Aires hora cero”, “Adiós Nonino”, “Demoníaco”, “Atávico”, “Para Gracián” y “Calle rara”, los cuatro últimos de su autoría. También recuerdo su composición de “Madera y cartón”, con letra de su amigo Mario Valdez: “Casitas de chapa, madera y cartón, y un tango en la radio vendiendo emoción”.
Osvaldo Tarantino Irazusta nació en el barrio de Almagro -calle Loria 1969- el 6 de junio de 1927. La música estaba en su casa y alguna vez declaró que primero escuchó a Chopin y después llegó el tango. Al piano se le animó con pantalones cortos y en otro momento se le animó al bandoneón y guitarra. Digamos que la música a Tarantino lo acompañó desde siempre. Su padre lo inició y le dio los primeros consejos respecto a la responsabilidad de un profesional: estudiar en serio. Seguramente ese consejo estuvo presente cuando decidió tomar lecciones de armonía y contrapunto con el maestro Bianchi.
En los años cuarenta el pibe Tarantino se entrevera con algunas de las grandes orquestas de esa década privilegiada del tango. Pedro Maffia, Argentino Galván y Edgardo Donato lo contaron en sus filas. Las crónicas de la época registran su presencia en “Los pregoneros de América”, formación en la que se destacaban los músicos Amílcar Neira y su suegro, Tito Vila.
Digamos que el joven Taranta -como le decían algunos de sus amigos- fue rindiendo en esos años todas las asignaturas que se exigen para consagrarse como un grande en un género competitivo y exigente. Después llegaron las giras por el mundo. A Japón viajó con Juan Canaro y allí se quedaron nueve meses. Con Héctor Varela anduvieron por Estados Unidos, Colombia y Venezuela, donde se quedó una temporada. De regreso a Buenos Aires se relacionó con Piazzolla e integró su sexteto. También estuvo con Alberto Marino, Néstor Marconi, Alfredo Gobbi y grabó con Osvaldo Berlingieri. En algún momento compartió escenarios con Roberto Caló con quien grabó temas como “En Fa menor”, “Sacale chispa”, “Este fiel corazón” y “Si yo pudiera olvidarla”.
En 1962 integra junto con la guitarra de Ernesto Báez y el fueye de Toto Rodríguez, el trío “Los tres ases de Buenos Aires”.
Sus últimas presentaciones las realizó en el célebre café Homero. Según un cronista, en ese templo del tango, y acompañado de café, whisky y cigarrillo, el Taranta dictó cátedra de tango a un público selecto y devoto de sus enseñanzas. En esos años se dio el lujo de ser solicitado como pianista de cantantes como Jorge Sobral, Alba Solís y el gran Alberto Marino
Alguna vez decidirá ser otro y grabará para el sello Cabal tangos con ritmo ligero y vendible bajo el nombre de Pierre Montand. Algunos lo criticaron, otros lo justificaron, pero queda claro que a la hora de hacer concesiones el hombre decidió esconderse detrás de otro apellido. De todos modos, el gran disco testimonial para las nuevas generaciones recién llegará en 1994 gracias a la iniciativa recopiladora del sello Melopea: “Osvaldo Tarantino, solo de piano, tango en vivo”. Sus seguidores pudimos disfrutar de ese disco, pero él no, porque había fallecido el 10 de septiembre de 1991

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