sábado, 25 de abril de 2015

ANGEL "EL PAYA" DIAZ

Fue un gran cantor que, curiosamente, tuvo su principal hinchada entre los propios colegas. Un poco lo que le pasaba a Salgán, con quien estuvo desde fines de 1950 hasta 1956. Las discográficas no creían en esta formación, la tildaban de antipopular y poco atractiva para los bailarines, y por eso se perdieron de grabar con ella, cantores como Edmundo Rivero y Carlos Bermúdez.
Precisamente fue Ángel Díaz el primero que registraría su voz con la orquesta, en el tango de Rafael Rossi y Antonio Miguel Podestá: Como abrazado a un rencor.
Anteriormente, había debutado con Florindo Sassone, donde Jorge Casal era patrón y soto del momento por sus cualidades canoras. Díaz, que apenas contaba 19 años, sólo dejó grabado el tango Quimera.
En 1949 da un paso gigantesco en su carrera cuando ingresa en la formación de Alfredo Gobbi, haciendo yunta con Jorge Maciel. Tuvo muchos roces por motivos que nunca pude averiguar e incluso le pregunté alguna vez a Gobbi qué había pasado con Ángel Díaz, pero, muy caballesco como siempre, no quiso ahondar en las mismas. Por eso sólo dejó dos grabaciones, aunque antológicas: ¿Por qué soy reo? y No la traigas. Y a dúo con Maciel, el vals Tu amargura.
Lo apodaron el Paya debido a la condición de payador de su padre, como herencia apocopada de un destino de trovador. Nació y vivió en la calle Traful, de su barrio de Nueva Pompeya, donde supo hacerse de una fervorosa barra de amigos que lo siguieron a todas partes y lo alentaron en todo momento. Y donde lo crucé algunas veces cuando visitaba el negocio de un amigo en la zona.
Él fue uno de los impulsores para que Salgán incorporara a Roberto Goyeneche a su orquesta, donde fueron compañeros e intimaron en trasnoches de vino y rosas. El Polaco no se cansó nunca de alabarlo y reconocer su débito con el Paya, por los lazos fraternos que les unieron y los consejos jóvenes que supo recoger del mismo. Me decía un día Antonio Carrizo que Ángel Díaz fue el maestro del Polaco, pero nunca me afilié a esa teoría, porque Goyeneche ya traía en sus entrañas el bagaje que lo convertiría en maestro total. Pero evidentemente El Paya lo ayudó a subir un escalón.  Lo cierto es que ambos destilaban perfume de tango y produjeron altos dividendos estéticos.
Como un final de tragedia griega, mientras ensayaba su inminente actuación en los camarines de la Sala Casacuberta del Teatro General San Martín, murió ayer, a las dos de la tarde, dell 11 de diciembre de 1998Angel Paya Díaz, un cantor de rancia estirpe tanguera. Lo derrumbó un infarto, instantes antes de subir al escenario, para sumarse a los festejos del Día Nacional del Tango. Formal, prolijo, profesionalizado hasta la obsesión, ensayaba como si se tratara de un debut y era una despedida.A ese hombre menudo y ascético, generoso hasta el desborde, le sobraron los éxitos, las penas y los amigos. En la pesada siesta de ayer hubiera cantado Ventarrón, uno de los tangos al que impuso sello propio, con la decoración de la pareja de baile Angel-Micaela. Precisamente el bailarín y el cantante Norberto Roldán, que integraban el cuadro, intentaron auxiliarlo cuando su caliente corazón había dado el basta.En l945, Angel Díaz, un muchacho de barrio, cumplimentaba su sueño de cantor, integrándose a la orquesta de Florindo Sasone. De allí, rebautizado ya como Paya, parte hacia la formación de Alfredo Gobbi, pero su consagración definitiva la conseguiría en l950, con la mítica orquesta de Horacio Salgán. Conoce allí a quien sería compañero inseparable de la vida nochera, Roberto Goyeneche: innumerables testimonios dejó el Polaco de su admiración por su maestría para los fraseos. Fue un personaje entrañable, dueño de antiguas costumbres de barrio que abrían puertas al afecto. Coleccionó amigos, algunos de larga fama, como Vittorio Gassman, Omar Sharif o Marcelo Mastroiani, infaltables en el abrazo en cada paso por Buenos Aires.

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