jueves, 26 de marzo de 2015

ADRIÁN GUIDA. Su paso fugaz por el canto lo truncó la muerte

Transitó por los caminos del tango durante breve tiempo, pero su impronta quedó en el recuerdo de todos quienes -pese a haber conocido las grandes voces del siglo pasado- lo sitúan con valores propios en estilo y trayectoria. Prácticamente llamativo es haber sido cantor nada menos que de Osvaldo Pugliese cuando apenas alboraba su juventud, hasta el final de su corta vida.
Adrián Nicolás Guida nació el 26 de marzo de 1965 en el porteño barrio de Boedo, en el cual se mezclan reminiscencias históricas, el amor al 2x4 y la pasión futbolera que enmarca su existencia, tras el azulgrana de San Lorenzo de Almagro. “Adrián fue un purrete de cristal que se transformó en golondrina de otoño, para cantar las letras de una música en la cual lo inició Ángel, su padre, quien adem€ás fue el primer hincha de este pibe que tenía una voz clara y comunicativa, enraizada en los grandes cantores del cuarenta”. (José Pedro Aresi-biógrafo). 
Su hermandad con el tango, se gestó en actuaciones en palcos escénicos de su barrio, acompañado siempre por el guitarrista Toto Serrano. Durante los años 1977 y 78, participó en certámenes organizados por Canal 9, centrado en el programa ‘Grandes Valores del Tango’, conducido por Silvio Soldán. Y es así como a fines del mes de mayo de ese último año, Adrián ganó la pulseada, interpretando el tango Bailarín compadrito (del bandonenista, compositor y bailarín, Miguel Bucino). 
 Este suceso marcó el comienzo profesional de Adrián Guida, actuando en ‘La casa de Carlos Gardel’, el Club Mariano Moreno y otros locales tangueros. Hasta que su talento llamó la atención de Osvaldo Pugliese, quien lo incorporó a su agrupación musical, siendo su madrina y apoyatura la vocalista Nelly Vázquez. Adrián grabó, el 1 de julio de 1980, su primer tema bajo la dirección del Maestro: el tango Quinto año, emotiva evocación de egresados del secundario. En la orquesta de Pugliese compartió la responsabilidad vocal con Abel Córdoba (el cantor que más años estuvo con el autor de La Yumba) y registró, a dúo con él: Milonga para Gardel (Viván y Sanguinetti) y Aquel encuentro (de Roberto Caló). Ambos también compartieron en el disco un final cantado de La cumparsita con la letra de Si supieras. Él sólo, siempre con Pugliese, grabó desde estudios y en vivo varios temas, entre los que se destacan, además del mencionado Quinto año, los tangos: Almagro, Vieja amiga, Volver, Contame una historia y Bailemos. 
 En Adrián Guida, algunos fanáticos de Pugliese creían ver a un nuevo Alberto Morán; en tanto otros asimilaban sus dones a los de Raúl Berón. Cada uno podrá elegir al respecto, pero lo que sí no es materia de discusión, es lo bien que Adrián transmitía las virtudes de su canto. Si alguna duda podía quedar, basta con escucharlo en la interpretación de La reja, tango compuesto en 1927 por Marcuchi y Meaños, que había sido llevado al disco en España, en tres versiones, por Carlos Gardel. Un tango de difícil resolución que El Zorzal salvó con su enorme talento y que Adrián afrontó sin desentonar, según se puede apreciar en registros de sus actuaciones en vivo. Otra interesante versión de éste tango es la que en el año 1956, realizó Floreal Ruiz con José Basso. 
 Adrián era un adolescente cuando aceptó la difícil tarea de cantar con el Maestro. Un muchacho tímido, respetuoso y que en su momento, insufló un cacho de juventud a la orquesta de don Osvaldo. Parecía un exponente del pasado ayer, un cantor de la década del ‘40 y, sin embargo, era casi un joven de ese presente, con 16 años. En la extensa discografía de Pugliese existen doce temas grabados por Guida, incluyendo dos a dúo con Abel Córdoba y el mencionado final de La cumparsita. Además, están los registros de las presentaciones de Pugliese en el Teatro Colón, en el Cine Teatro Ópera y en otros escenarios, como así también en frecuentes actuaciones televisivas. 
 La muerte de Adrián Guida ocurrida a fines de 1994, pocos meses antes de cumplir 30 años, sorprendió a allegados y admiradores. Vivía con sus padres, tenía una novia y, pese a su personalidad un tanto retraída, contaba con un selecto grupo de amigos, dentro de una vida normal, lejos de la farándula. Atando cabos, amigos de Adrián comentaron que a menudo se quejaba de fuertes dolores de cabeza. En la fase artística, como Pugliese había mermado sus actuaciones por deterioro físico y un 90% de pérdida de la audición, Guida cantaba acompañado por el Sexteto Arrabal, integrado también por músicos compañeros suyos en la orquesta de Pugliese. Preferentemente se presentaban en clubes y locales de la zona. 
Una noche, mientras actuaba en La Casa Blanca, de San Telmo, Adrián sintió un repentino malestar y se retiró a su casa. Sus padres escucharon ruidos en la cocina y luego se acostó, advirtiendo algo raro. Respiraba con mucha dificultad y, urgentemente llamaron a un servicio de emergencia. En situación límite fue internado en el Hospital Durand, donde llegó casi sin vida, en la madrugada. Calificada en primer momento como muerte dudosa, los médicos determinaron finalmente que un aneurisma fue el desencadenante, descartando totalmente algo raro (drogas por ejemplo). Finalmente fue extendido el certificado de defunción, fechado el 12 de diciembre de 1994. De esta manera se tronchó lastimosamente, sin aviso previo, una vida joven, en esa triste madrugada cerca de Navidad. Así fue como al igual que ‘el viejo’ de Julián Centeya, “se las tomó una cheno de descuido y nos dejó un recuerdo lacerante”. 

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