miércoles, 17 de septiembre de 2014

TANGO Y TURF

El tango ha sabido describir en sus letras, las diversas viscitudes relacionadas con las carreras de caballos:
jockeys, caballos, peonada y burreros, desfilan por las acertadas descripciones.
Las épocas de abundancia y derroche en el escolaso y en los burros, no eran duraderas ya que lo bueno poco dura, y la cuestión era conformarse con lo que se daba. El público ubicado en la tribuna popular, llamada “la perrera”, apostaba en su mayoría el mínimo de “uno y uno”, en espera de un milagro. Lo refieren en “Uno y uno”, Lorenzo Traverso y Julio Pollero cuando dicen:” Se acabaron esos saques/ de cincuenta ganadores;/ ya no hay tarros de colores/ ni hay almuerzo en el Julien…/ Ya no hay Paddock en las carreras,/ y hoy, si no te ve ninguno,/ te acoplás con uno y uno…/ Qué distinto era tu tren”.
Apostaban todo a las patas de un caballo, que fue para muchos el final de su época de esplendor. Era la oportunidad soñada para dar el gran salto, pero una mínima diferencia en el marcador era lapidaria y todo lo apostado se hacía humo. Carlos Gardel y Alfredo Lepera lo contaron así en “Por una cabeza”: ” ¡Cuantos desengaños por una cabeza!/ Yo juré mil veces, no vuelvo a insistir;/ pero si un mirar me hiere al pasar,/ sus labios de fuego otra vez quiero besar./ ¡Basta de carreras! ¡Se acabó la timba!/ ¡Un final reñido yo no vuelvo a ver!/ Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo,/ yo me juego entero…¡Qué le voy a hacer!”.
La fija era un dato que conocían pocas personas, en general, ligadas a los studs. Estaban informados de las características del caballo, sus aprontes, estado de salud, si había comido bien, que monta lo corría, como había descansado, todos datos que permitían elaborar un pronóstico. El tango “Preparate pa’l domingo”, de José Rial y Guillermo Barbieri, lo dice así: ” Preparate pa’l domingo si querés cortar la yeta,/ tengo una rumbiada papa que pagará un buen sport…,/ ¡Me asegura mi datero que lo corre un gran muñeca/ y que paga por lo menos treinta y siete a ganador!// vos no hagás correr la bola/ entre gente que palpita,/ porque estos datos pulentas/ se brindan por amistad”.
Nadie conoce mejor al caballo que el peón que lo cuida, lo pasea, lo acompaña en el box, estableciendo una relación muy especial peón-caballo. En “Bajo Belgrano”, de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta, lo cuentan así: ” Bajo Belgrano, como es de sana/ tu brisa pampa de juventud/ que trae silbidos, canción y risa/ desde los patios de los studs…!/ ¡Cuanta esperanza, la que se nos viene,/ la del peoncito que le habla al crack:/ -Sacame ‘e pobre, pingo querido/ no te me manques pa’l Nacional…!”.
Algunos jockeys fueron sinónimo de triunfo o casi triunfo. Su monta se traducía en primeros puestos o, eventualmente, llegar placé. Pero en una reunión excepcional, Ireneo Leguisamo, corrió 8 carreras y las ganó todas. Fue legendario, y su nombre quedó inmortalizado en “¡Leguisamo solo!”, de Modesto Papavero: “¡Leguisamo solo!…,/ gritan los nenes de la popular./ “¡Leguisamo solo!,/ fuerten repiten los de la oficial./ “¡Leguisamo solo!…,/ Ya está el puntero del Pulpo a la par./ “¡Leguisamo al trote!..”/ Y el Pulpo cruza el disco triunfal”.
A pesar de dedica
rle todo tipo de cuidados, había caballos que no podían ganar. Sin embargo, sus dueños se ocupaban de mejorar todos los detalles que le rodeaban cuidando sus patas, su alimentación, su sueño. Pero todo era inútil, el pingo no reunía las condiciones de un crack. En “N.P” (No placé), Francisco Loiáconoy Juan José Riverol dicen: “Me pasé una temporada/ al cuidado de tus patas./ Te compré una manta nueva./ ¡Y hasta apoliyé en el box!/ Relojeándote el apronte,/ la partida a palo errado…/ Yo no sé quien me ha engañado,/ si fuiste vos o el reloj”.
Una situación completamente opuesta se producía cuando el caballo era un ganador. Las palabras de elogio y agradecimiento eran una constante, y más aún, cuando la victoria lo “salvaba” de la catástrofe, como en “Polvorín”, de Manuel Romero y José Martínez: “Parejero de mi vida,/ lindo zaino de ojos vivos,/ me salvaste de la ruina/ y te estoy agradecido, Polvorín,/ mi noble pingo tan querido./ Tu recuerdo irá conmigo/ a través de mi existencia;/ para mí sos un amigo/ y en las vueltas de la vida, Polvorín,/ te llevaré en mi corazón”.
Era frecuente presentar situaciones de la vida cotidiana como si se tratra de una carrera, con todos los aditamentos que habitualmente la rodeaban. Esta comparación burda podía ser dirigida tanto a la mujer como al varón. En este último caso, “Pan comido”, de Enrique Dizeo e Ismael Gómez, lo detallan magistralmente: “Sos un caido de la cuna, un pobre diablo, un maleta./ En los handicaps corridos siempre quedaste parao./ No servís pa’ acompañarme ni siquiera en la partida./ No tenés chance ninguna…Pa’mi que sos roncador…/ Nunca marcaste buen tiempo…Es muy pobre tu corrida./ Cuando no se abre en el codo se me manca en la tendida…/ Te falta más performance pa’ salir de perdedor”.
Las referencias a la mujer no se quedaban atrás. Las comparaciones con las carreras eran burlonas y despreciativas como en “Canchero”, de Celedonio Flores y Antonio De Bassi: “Para el record de mi vida/ sos una fácil carrera/ que yo me animo a ganarte/ sin emoción ni final./ Te lo bato pa’ que entiendas/ en esta jerga burrera/ que vos sos una “potranca”/ para una “penca cuadrera”,/ y yo - ¡che vieja!-/ ya he sido relojiao pa’l Nacional”.
Y un párrafo aparte para los fanáticos que no pensban otra cosa que no estuviera relacionada con las carreras de caballos. Preparar todos los pasos con la suficiente anticipación y jugarse hasta el alma por el dato conseguido vaya a saber en donde y cómo:“Soy una fiera”, de Francisco Marino: “Los domingos me levanto de apoliyar mal dormido/ y, a veces, hasta me olvido de morfar por las carreras;/ me cacho los embrocantes y mi correspondiente habano/ y me piyo un automóvil para llegar más temprano.// Cuando alguno me da un dato/ es casi un caso clavao/ que si no larga parao/ en la largada hocicó,/ o, sino, alguna rodada/ o porque se abrió en el codo/ y nadie manya que va/ de salida, muerto en todo”.
Burreros de pura cepa que dejaron sus sentimientos y sinsabores, en tangos escritos en la década del 20, en ese Buenos Aires que se fue.

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