martes, 18 de marzo de 2014

HOMENAJE A ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO EN BAHÍA BLANCA

El Jueves 27 de marzo a las 18hs en el auditorio de la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca (Zelarrayán 560), dentro del ciclo "BAHIA BLANCA NO OLVIDA",  se proyectará un documental sobre la vida y obra de ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO en el 113 aniversario de su nacimiento acompañado de un show musical a cargo de GABY, "LA VOZ SENSUAL DEL TANGO" repasando la obra de Discepolín.
“Es un honor para mí recordar la obra de Discépolo. El año pasado tuve la suerte de cantar sus canciones y en esta oportunidad puedo cambiar totalmente el repertorio y seguir haciendo sus temas porque nos ha dejado un legado tan rico y tan valioso que es imposible aburrirse de Discepolín. Mensaje es mi favorita, pero hay otras de sus obras que tienen un fuerte significado para mí; es el caso de El Choclo que fue el primer tango que interpreté sobre un escenario, cuando aún no tenía 15 años”, expresó la morocha bahiense.
Gaby interpretará tres tangos al iniciar el encuentro, luego podrá disfrutarse del documental audiovisual y regresará nuevamente para dar un cierre musical al homenaje.

Enrique Santos Discépolo: Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1901 y murió en la misma ciudad el 23 de diciembre de 1951.
Fue actor, dramaturgo y cineasta, aunque se destacó como compositor y letrista de tangos. Huérfano desde los nueve años, lo crío su hermano Armando, un dramaturgo del grotesco rioplatense que le transmitió su pasión por el teatro. Debutó como actor en 1917 y como dramaturgo en 1918 con Los duendes. Pese a la oposición de su hermano, en 1925 comienza a componer los tangos cuyas letras angustiadas e irónicas lo convertirían en uno de los grandes renovadores del género.
Entre sus mayores éxitos figuran "Cambalache" (1935), "Uno" (1943) y "Cafetín de Buenos Aires" (1948).
Discépolo fue un acertado traductor de las causas y consecuencias que provocan los sentimientos. Su óptica, siempre aguda, áspera y mordaz, se centró en el dramatismo y la tristeza de la condición humana. No parece aventurado, entonces, afirmar que la ideología pasional de Discépolo proviene de esa escisión que lo desgarra: la cicatriz ajena.
El gran tema de su vida y de su obra ha sido el tipo de relación que logró establecer con la sociedad argentina. Nadie hizo algo similar y cuánto más anacrónicas resultan las letras de otros autores, más actuales, por contraste, suenan “Qué sapa señor!”, “Yira...yira...”, “Tormenta”, “Tres esperanzas”, “Qué va cha che” o el infañtable “Cambalache”.

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