viernes, 4 de enero de 2013

ADA FALCON Y SUS ENIGMAS


La cancionista Ada Falcón, famosa interprete de la década del 30, abandonó todo en 1942 para radicarse en un pueblo de la Provincia de Córdoba, Salsipuedes. Ahí permanece y cuenta con noventa y cinco años. Nacida el 17 de agosto de 1905 Buenos Aires, comenzó a actuar en salas teatrales con el seudónimo de “la joyita argentina." Tenía trece años cuando participó en el film "El festín de los caranchos" (1918). Luego trabajó en revistas y sainetes como primera actriz en la compañía de Héctor Quiroga, en los teatros Excelsior y San Martín.
La cancionista de gran carisma fue conocida también como “la emperatriz del tango.” Llegó a formar su propia compañía, presentando un espectáculo de varieté en el Hippodrome de Buenos Aires. Se dedicó luego a la revista musical con Bertelli y Cayol en el teatro Comedia.
Hacia 1925 interviene en el film “Tu cuna fue un conventillo”, y realiza sus primeras grabaciones fonográficas como solista acompañada por la orquesta de Osvaldo Fresedo para el sello Víctor.
Se presentó en el Odeón acompañada por el trío compuesto por Delfino (piano), Parada (guitarra) y Rodio (violín). Se consagró como interprete cuando cantó con el acompañamiento de Francisco Canaro. En ese entonces dejó de presentarse en los teatros y solo trabajó en la radio y en el disco grabando mas de cien temas acompañada en algunos por Charlo y en una ocasión por Ignacio Corsini.
Durante su carrera demostró ser una mezzo-soprano , con un registro poco habitual para los artistas de la época que tenían voces mucho mas agudas
 
Sin embargo, no pudo, aparentemente, sobreponerse a una historia de amor que acabó con su carrera artística y cambió su vida para siempre.

Lo cierto es que, alrededor de 13 años después de haber conocido a Canaro –en el sentido coloquial y bíblico del término–, Ada, ya fuese arengada por la violenta amenaza de La Francesa –como llamaban a la esposa de Canaro–, ya fuese por el perfume rancio de los amores que no van a ningún lado, puso pies en polvorosa y no paró hasta encerrarse en un pueblo del interior cordobés, Salsipuedes, junto a su madre y convertida en terciaria franciscana, hasta el día de su muerte. Los motivos deducibles fueron prosaicos: Canaro le preguntó a su abogado cuáles serían las consecuencias en caso de divorcio, y el letrado respondió que a su esposa le correspondería la mitad de su fortuna.

Es cierto: en ciertas almas, sólo el amor deja cicatrices; pero no debemos descartar que en otras el pragmatismo adquiere también la forma de una pasión.

Ada Falcón fue una chica precoz. En todo. Comenzó rápido en la canción, pasó de la soltería a un romance desesperado y renunció rápido también a las mieles y las heridas de Cupido. A los cinco años comenzó a deleitar al público como la Joyita Argentina, y a los 13 ya dejaba corazones en ruinas soltando sus gorjeos y sus alardes de mezzosoprano desde un cuerpo de pajarito. Doblemente precoz: no sólo se dio a la música antes que a la pubertad, sino que llegó al tango cuando las cancionistas recién le nacían a este burlón lamento rioplatense. Antes de los 20 años debutó en el cine mudo. Poseía una mirada intensa, como si viera un fuego más allá del mundo, y los ojos de ese verde que no se encuentra en la naturaleza. Hizo colisión con la mirada de Canaro, que era más transparente, pero viril y magnética, cuando se asomaba a los 24 años y, junto con su primer trabajo en colaboración –el estribillo que Falcón graba en La morocha, el 24 de julio de 1929– inauguraron este amor sin destino.
Ada Falcón es autora de los tangos "Pecado mortal" y "Sueño con él", dedicado al gobernador de Mendoza Carlos Washington Lencinas, de quien se dice fue su gran amor, asesinado en luchas electorales.

No podemos decir que Ada Falcón haya sido una devota de lo que se entiende por cordura antes de conocer a su amante, 17 años mayor.

Desde siempre le rehuyó al público, y no bien la fama le dio pie, adoptó las veleidades de las divas. A menudo me pregunto si es el amor el que inocula en los seres las decisiones inesperadas o si, por el contrario, las personas con una sed innata por el exotismo buscan en el amor el justificativo para soltar las riendas. Hay personas que necesitan de la tragedia y de la soledad como otros el agua o el pan. ¿Quién sabe si los disparates que supuestamente hicimos por amor son realmente su consecuencia?

Por amor, supuestamente, la esposa de Canaro amenazó con un revólver a la pareja adúltera; por amor, supuestamente, Falcón se recluyó en la religión. Pero tal vez las emociones o ambiciones que las motorizaron no sean obligadamente amor. Si es que, a fin de cuentas, alguien se atreve a definir el concepto "amor".

¿POR AMOR A DIOS?

Ante esta mujer se prosternaron Gardel y Discepolín, y el marajá de Kapurtala le dejó una joya más grande que su pena cuando quiso llevársela para sus pagos y la diva re­culó. Entonces, ¿por qué iba a dejarlo todo por el único tipo que no estaba dispuesto a seguirle la corriente? A mí que no me la vendan: eso no es amor, es misticismo.

Ada Falcón gustaba de ventilar el hecho, o la leyenda, de que su padre era un hombre reputado entre los adinerados de la Argentina, y en ningún caso el marido de su madre. A mí me parece que era tan hermosa que se enamoró de sí misma y que no consi­deraba digno de merecerla a mortal alguno, excepto el Todopoderoso, o el Hijo en la creencia cristiana, quien, según el relato de la artista, se le apareció en cuerpo entero y se partió el corazón con la joya que el marajá le había regalado.

Que me perdonen los ro-mánticos, pero entre las muchas melodías que Canaro compuso y tocó, yo creo que no tocaba pito en esta opereta: la dama quería irse con Dios desde antes de conocerlo, y el romance problemático fue el boleto más expeditivo.

Pero tal vez me equivoco, y mucho. Quizá fue el amor el que arrasó a esta mujer, y la llevó como un viento poderoso a terminar sus días en una orden religiosa. ¿Quién puede saberlo?

En cuanto a Canaro, era un pelado orgulloso. Al día de hoy, no se ha descubierto ninguna cura para la calvicie masculina, y es probable que logren contener las peores pestes de nuestro siglo antes que este pequeño desplante capilar. Pero como con muchos desafíos que los hombres no han logrado resolver, lo han convertido en signo de prestigio contra natura: el Indio Solari, Luca Prodan y más tarde el vocalista Cordera han hecho de la calvicie un sello de distinción rockera. Hoy, animadores y humoristas presentan su cuero cabelludo sin cabello como el último grito de la moda.

No era tan fácil ostentarlo en los inicios del siglo XX. Canaro le hacía frente a la fama y deslumbraba a las mujeres con el brillo de su pelada a lo Sarmiento. Quiere la historia jugarnos chistes, porque a este pelado perenne lo apodaban "Pirincho", tal el nombre con que lo llamó la partera al alumbrarlo con los pelos de punta como un punk. Vio la luz en Uruguay el 26 de noviembre de 1888.

INFANCIA DURA

Apuesto lo poco que me han dejado mis errores a que su infancia pobre, como canillita, fue determinante en el hecho de que, en su adultez, hiciera de la acumulación de dinero un asunto fundamental. Canaro nunca olvidó la opresión que impone en el alma la falta de efectivo. También acumuló mujeres. Aunque la música fue su pasión, más de una vez debió desalojar a las corridas un boliche para no ser presa de un dueño celoso.

Como compositor, lo abarcó todo: compuso tangos, comedias musicales, comedias a secas y guiones de películas. Compuso cerca de 500 títulos. Pero para recordarlo basta con citar La última copa o Se dice de mí.

Este hombre al que se consignaba como individualista y que, posiblemente, mirando su pasado desprovisto, nunca hay­­­­­a dejado de temer las incertidumbres del futuro, fue el fundador de la más persistente e importante defensa gremial de los artistas de la composición, Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores), registrada en 1940, y presidente reelegido en varios términos. Quizá precisamente el temor por no saber cómo lo recibirían los años lo haya llevado a construir una institución que garantizara en lo posible la seguridad de quienes vivían de su magín, ese bien frágil y esquivo. Por eso digo que no debemos desdeñar los efectos del temor o las ambiciones. Murió unos días antes del Año Nuevo, el 14 de diciembre de 1964, a los 76 años; veinte años más joven que la mujer a la que parece que le arruinó la vida.

Yo no sé si el amor sucedió o no entre estos dos divos. Pero el chisme ha quedado. Los rostros sin colágeno, la calvicie sin injertos, las canciones y el chisme: son cosas que perduran.

La literatura no es más que los grandes chismes que no han querido morir con sus protagonistas, o que han surgido de personajes que nunca nacieron como nosotros, y por lo tanto no pueden morir. Un rostro verdadero, una canción y un buen chisme, siempre son bienvenidos al páramo de la duda y el aburrimiento de los hombres.

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