jueves, 20 de diciembre de 2012

¿Carlos Gardel fue conservador?Por Eduardo Giorlandini


Con intención de ser objetivo y obrar de buena fe para comunicar lo que sostengo, con las fundamentaciones del caso, debo reconocer que no son pocos los que creen que Carlos Gardel fue conservador, identificado con el partido político argentino que durante mucho tiempo influyó en el poder gubernamental y en la política en general, como estructura partidista o en forma de precipitaciones ideológicas sobre sectores, instituciones y la sociedad.
Sin embargo, usualmente, cuando se escribe al respecto no se dan los motivos concretos de tal creencia. Un articulista, por ejemplo, creyó que existen capítulos en blanco, silencios y ocultación, y trata de demostrar su verdad, en forma un tanto equívoca, al sostener que estuvo afiliado al Partido Conservador de la Provincia de Buenos Aires y que siempre estuvo vinculado a la política; cabe sí asumir que relaciones personales tuvo con políticos de distinto signo, en todo caso profesionales, prevalentemente, como cantor.
El articulista cita al respecto tres obras, cuando emerge de una rica biblio-hemerografía (Gardel  es uno de los personajes de los que más se ha escrito y documentado en la Argentina) que cantó para todos, en todos los ámbitos, sea al pie de la reja de un balcón, el café, el fondín, la casa de pensión, los comités políticos (particularmente radicales y conservadores), así como todo lo que vino después: el teatro, las giras (incluyendo ámbitos variados: carpas, cines y un largo etcétera).
Raúl Apreda Picone publicó en La Plata un artículo donde sostiene que “El Morocho del Abasto” grabó una canción proselitista par la campaña electoral que llevó a Hipólito Yrigoyen a la Presidencia de la Nación, en 1916. Ya había grabado canciones criollas hacia 1913. Después fue contratado para cantar en una estancia, ante la presencia de Marcelo T. de Alvear. Presidente de la Nación que sucedió a Yrigoyen. Se reunió con anarquistas, radicales, conservadores y socialistas. En el “Café de los Angelitos” se reunió con socialistas y en la misma esquina presenció un acto de los mismos; se relacionó con Juan B. Justo y con Alfredo Palacios. Se conoció con Juan Domingo Perón en una “milonguita” de Avellaneda, en un reducto de Barceló, y Perón de pidió que cante “Dónde hay un mango viejo Gómez” y Gardel accedió al pedido y cantó “Aurora”.
Es cierto que grabó el tango “Viva la Patria”, pero no hay prueba fehaciente de que haya sido él quien lo solicitó, para cantar loas a la dictadura que reemplazó a Yrigoyen, golpe de Estado mediante. Nadie puede dudar, recorriendo la discografía de Gardel o las compilaciones de letras de tango,  que generalmente era Carlos Gardel quien primero grababa los temas, porque tenía ese hábito; muy frecuentemente preguntaba, a Barquina particularmente, qué tema nuevo había; cantó y grabó a todo aquel que le acercara un  tema, incluyendo a un canillita[1].
Cabe preguntarse cómo es que estuvo afiliado al Partido Conservador de la Provincia de Buenos Aires si tenía su domicilio en la Capital Federal. ¿Existe documentación al respecto? Yo no la conozco en tal sentido.
La parcialidad del articulista llega al extremo de poner de resalto la calidad y “progresismo” del Partido Conservador en el Gobierno y la mala política de los radicales, porque es evidente que se trata de una actitud de exacerbación o, a lo mejor, de pasión conservadora o fanatismo partidista. Hay demasiada hojarasca en el artículo (adviértase que estoy tomando este artículo como un ejemplo, en cuanto a la ligereza con que se escribe sin motivación o fundamento).
Gardel vivía en el Abasto y por eso fue a cantar al café-fonda “O´ Rondeman” en el mismo barrio, como Razzano cantaba en “El Pelado”, de Balvanera (después se juntaron para crear el dúo).
Gardel no usó boina blanca (radical) ni colorada (conservadora); de haberlo hecho no hubiera, tal vez, sido lo que fue. Nótese que también cantó y grabó los tangos con letras que constituyen una verdadera literatura social, con que se repudió desde la letrística tanguera –quiérase o no- a una “década infame” iniciada con el golpe de septiembre de 1930. Me remito a la historia, porque no he de cometer lo mismo que critico. De otro modo no hubiera sido posible que tantos autores e investigadores hablaran del civismo del cantor, de su nacionalismo, de su amor al país y a la ciudad de Buenos Aires, así como de su sensibilidad y sentimientos que expresó en sus interpretaciones y composiciones.
[1] Además, Gardel exaltaba el valor de la libertad y repudiaba a los dictadores; pudo haber interpretado mal la “revolución” del ´30, porque en Curazao donó lo que cobró del gobierno venezolano a los exiliados para que continuaran con la causa de la liberación nacional de Venezuela.

Este artículo es una respuesta a la publicación escrita por Marcelo Julio Martín

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