jueves, 8 de noviembre de 2012

Nina Miranda, voz uruguaya del tango

Era uruguaya, pero vivía en Buenos Aires. Fue seguramente la mejor voz tanguera nacida en ese pequeño país. Se llamaba en realidad Nelly María Hunter y hasta el último momento siguió conservando el brillo y potencia de su voz y actuando ocasionalmente.
 Su nombre artístico lo tomó del personaje dramático que interpretaba Libertad Lamarque en la película Puerta cerrada, que vio a los 13 años y que, en aquel mismo momento, decidió que adoptaría el día que fuese artista.Su progenitora se entusiasmaba escuchando a Gardel, Ignacio Corsini o Imperio Argentina. La niña, acostumbrada a escuchar las tragedias que describían los tangos desde pequeña, los entonaba en casa, en el colegio o en el jardín, donde la escuchó un vecino que era actor, instándola a presentarse a un concurso de radio. Así lo hizo y con apenas ocho años obtuvo el primer premio. Algo que repetiría cinco años más tarde y donde ya adoptó el nombre que la haría famosa.Más adelante se incorporaría a otras orquestas uruguayas de los años cuarenta -Francisco Reinares, Emilio Pellejero, Roberto Luratti- y empezaría a grabar con el conjunto de Juan Cao. En 1948 ya era una artista renombrada y durante una temporada formó un dúo con una figura como Eduardo Adrián. El timbre de su voz, que no había pasado por maestros sino por ancestros, penetró en la memoria de la gente, siendo ungida por la popularidad que le permitiría lucirse en la formación de Pirincho Martínez como último paso para ingresar en la popularísima orquesta de Donato Racciatti. Allí, su femenino compadraje, y la cuota de melancolía que desplegó en muchos momentos le permitieron crecer rápidamente. Aún hoy puede escucharse en los salones de baile de medio mundo sus creaciones con dicha formación: Gloria, De tardecita, Vencida, Sin estrellas y especialmente: Tu corazón. Su meta inmediata era Buenos Aires, donde el tango movilizaba a miles de bailarines y oyentes. El periodista y conductor de televisión Augusto Bonardo, exiliado en Montevideo, la contrató para actuar en Argentina, donde debutó con la orquesta de Lucio Demare. Más adelante compartiría gira y grabaciones con el maestro Graciano Gómez. La ciudad porteña, rendida a la elocuencia de su voz, le entregó su aplauso hermano y sincero.
El casamiento con un poderoso industrial cortocircuitó su carrera. "El tango o yo" fue la disyuntiva. Estuvo fuera de los escenarios desde 1958 hasta la muerte de su esposo, en 2004, año en el que a instancia de su amiga Elba Cosentino decidió volver al tango; para su sorpresa, la voz, que creía oxidada, se mantiene en plena forma. Hace vocalización con Héctor de Rosas y la gente la recibe como si nunca se hubiese ido. Con otras dos veteranas, María de la Fuente y Elsa Rivas, realiza varias actuaciones importantes y con el elenco del Café de los Maestros recorrió Francia, Inglaterra, China y Brasil.
Su disco Por la vuelta simboliza el regreso tan esperado y las noches triunfales registran ritualmente la geografía de marquesinas y calles de un ayer más romántico. De sobria modalidad, su voz cristalina, su perfecta afinación y el don natural de su fraseo han quedado registrados en los 68 títulos que grabó.

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