lunes, 5 de noviembre de 2012

EL TANGO Y EL TURF

A partir de la década del 20 el tango comenzó a cantarle al turf, estableciendo una relación íntima con el “deporte de los reyes”, lógica consecuencia de la inclusión de este género musical en el gusto de los cajetillas, y su adopción por parte de las clases acomodadas de la sociedad argentina. Baste mencionar a eximios bailarines como Jorge Newbery, Ricardo Güiraldes o Vicente Madero Alzaga, y mecenas como el barón Antonio María De Marchi, el desprejuiciado italiano que ¡en 1912! se animó a organizar una velada de tango en el flamante Palais de Glace, en la Recoleta. 

Esta relación quizás alcanza su pico más relevante en la amistad entre el jockey Ireneo Leguizamo y el cantante Carlos Gardel, los máximos representantes, a mi juicio, de todos los tiempos en sus respectivas actividades, en la historia argentina. Curiosamente uno uruguayo y el otro francés. 

Se conocieron en 1920, en el hipódromo de Maroñas, en Montevideo. Su primer encuentro fue conflictivo: “Mirá que sos chiquito, Mono. ¿Cómo haces para que los burros no te desmonten? Preguntó sobrador el Zorzal. 

Volvieron a verse dos años después, cuando el jockey se mudó a Buenos Aires, y se hicieron amigos para siempre. “El era el único que me llamaba Mono, aunque sabía que a mí me molestaba. Cuando lo hacía, yo lo llamaba Romualdo, para que engranara. Ese era su segundo nombre, y no quería que nadie se lo mencionara... Un día me mandó a casa una encomienda enorme, con una tarjeta que decía: “Mono, te mando un postre”. Comencé a abrirlo, era puro papel, y se achicaba cada vez más. Al final quedó una cosa chata, que era un disco sin etiqueta. Lo puse en la victrola y me emocioné hasta las lágrimas, porque era el tango “Leguizamo solo”. Nadie lo cantó como él. Nadie, nunca, cantó como Carlitos”. 

Legui, el jockey más ganador de todos los tiempos, apodado el Pulpo, porque cuando montaba parecía tener ocho brazos, sobrevivió medio siglo a su amigo, a quien llamaba “mi hermano”, pero nunca lo olvidó. 


Alzan las cintas; parten los tungos
como saetas al viento veloz...
Detrás va el Pulpo, alta la testa
la mano experta y el ojo avizor.

Siguen corriendo; doblan el codo,
ya se acomoda, ya entra en acción...
Es el maestro el que se arrima
y explota un grito ensordecedor.

“Leguizamo solo”
gritan los nenes de la popular,
“Leguizamo solo”
fuerte repiten los de la oficial,
“Leguizamo solo”
ya está el puntero del Pulpo a la par
“Leguizamo al trote”
y el Pulpo cruza el disco triunfal.

No hay duda alguna, es la muñeca,
es su sereno y gran corazón
los que triunfan por la cabeza
en gran estilo y con precisión.

Lleva los pingos a la victoria
con tal dominio de su profesión
que lo distinguen con mucha gloria,
mezcla de asombro y de admiración.


Leguizamo solo (tango) 1925 
Letra y Música de Modesto Papávero. 
Estrenado por Tita Merello en la revista escénica “En la raya lo esperamos”, de Luis Bayón Herrera, presentada en el teatro El Bataclán el 15 de junio de 1925. Gardel lo grabó en Barcelona el 17 de octubre de 1925 y en Buenos Aires el 23 de setiembre de 1927. 

Y a través de los años fueron sucediéndose una gran cantidad de letras tangueras dedicadas al turf, en entre ellas: 

Por una cabeza
Soy una fiera
Una fija
Milonga burrera
Milonga que peina canas
Burrero 
Brazo de oro 
Cómo querés que te quiera
Palermo 
El yacaré
De siete, seis
Pingo lindo 
Arriba Jara 
Canchero 
Largaron 
Preparate pal' domingo 
Callejas solo 
Las carreras 
Ventaja Apreciable 
Al Hipódromo chofer 
El apronte 
Los Burros 
Medio y medio 
Polvorín 
La Catedrática 
Tres y dos 
El Pulga 
Baratucci al hilo 
Doblando el codo 
Sideral 
Cabulero 
Mineral 
Uno y uno 

Por supuesto que no todas son rosas, y según algunos, el tango fue para el turf un “salvavidas de plomo”. Es que, de alguna manera, al ritmo del dos por cuatro, el "burrero" ganó mala fama en el inconsciente colectivo. 

"El tango al turf no le ha hecho ningún favor", se quejan los entendidos. Y aseguran que la imagen del jugador compulsivo es propiedad de un imaginario que, en general, no se verifica en la realidad: 

"El profesional busca la carrera, estudia las posibilidades de los caballos, analiza quién lo corre. Y jamás juega en todas las carreras. Además, no es como la ruleta: si te calentás porque perdés tenés media hora hasta la siguiente. El turf es un arte. El verdadero juego no es apostar sino elegir: a qué caballo, bajo qué hipótesis, a qué jockey. Uno puede ir con 20 pesos y jugar todo el día. Los montos de las apuestas han bajado. Los prejuicios, por suerte, se fueron diluyendo", sostienen calificados aficionados al hipismo. 

Y deseo compartirles que todo este asunto de la pasión por el turf de un sector de la sociedad porteña, especialmente durante la primera mitad del siglo pasado, reviste para mi un significado especial, habida cuenta de que mi abuelo paterno, Francisco Herreros, murió de una pulmonía contraída cierto domingo, en el hipódromo de Palermo, al que mi ilustre antepasado concurrió desoyendo el consejo de Paquita, mi abuela, para asistir a un clásico, cierto día en que las compuertas del cielo se abrieron de par en par, y diluvió sobre Buenos Aires. Al morir don Francisco, dejó huérfano a un niño de seis meses: mi padre, Manuel Herreros. 

He aquí dos ejemplos de la “mala prensa”, en cierto modo justificada, que el tango le hizo al turf. 

SOY UNA FIERA

Los domingos me levanto
de apoliyar mal dormido
y a veces hasta me olvido
de morfar por las carreras.
Me cacho los embrocantes,
mi correspondiente habano,
y me pillo un automóvil,
para llegar bien temprano.

Carreras, guitarras, gofo,
quinielas y cabaret,
es el berretín más grande
que siempre, digo, tendré.
Y aunque pa’jugarme el vento,
bien rumbeao, soy una fiera,
con toda mi gran cartusa,
siempre salgo en la palmera .

El sábado por la noche
compro la Crítica Quinta
y si me piace la pinta
del pronóstico que da,
lo escolaso si es Rodríguez
o el que lo corre es Canessa,
pero viene Leguisamo
y se las da en la cabeza.

Cuando alguno me da un dato,
es casi un caso clavao,
que si no larga parao,
en la largada hocicó,
o si no es una rodada,
o porque se abrió en el codo,
y nada manya, ¡qué va!,
salida muerto en todo.

Pero cuando tengo el paco,
esto es con poca frecuencia,
sin tanto grupo ni ciencia,
cato el programa ¡y ya está!
¡que paga tres bataraces!
pero afana no hay reclamo,
no hay que hacer, pa estas papas,
me lo elijo a Leguisamo.


Música: C. Gardel y J. Razzano 
Letra: F. Martino 

MILONGA BURRERA

Por mi fiebre por los chuchos, y mi alma de jugador
andaba de mal en peor, yo que me las daba de ducho
casi voy a juntar puchos, ustedes no me van a creer
pero supe resolver mi situación harto flaca
con la compra de un yobaca me hice trompa y entrenière

y siguiendo el consejo de mi amigo Remersolo,
me compré un caballito de carrera
- y dígame, socio, resulto bueno el caballo?

Era un burro sangre pura, flaco como un cacho de hilo
pesaba dieciocho kilos con el freno y la montura
sacarme 'e la mishiadura, fue mi propósito cierto
y lo llevé a Don Mamerto, un veterinario púa
que salvó al lungo garúa cuando lo daban por muerto.

y para mi que tenía la precisa, el hombre, amigo!

Me devolvió un mancarrón fiaca, panzón y mañero
parecía un cadenero del tiempo 'e la inundación
lo llevé pa'l corralón del petiso Carbajal
como buen profesional sin demorar un momento
empecé el entrenamiento con vistas al Nacional.

y salvado el hombre, con todos los guitarristas!

Con él hice maravillas, el matungo progresaba
en pocos meses marcaba 6.2 1/5 la milla
lo relojió un tal Padilla que lo seguía de a pié
eso renovó mi fe en mi fantástico pingo
y un histórico domingo no se si ya te conté

la última vez le tuvieron que tomar el tiempo con un almanaque!!

Cuando mi pingo pisó las arenas de Palermo
Artigas se sintió enfermo, y Legui se las tomó
mi yobaca se alineó entre un lote de campeones
los vasos como pisones, la panza casi rasante
parecía un elefante en un montón de ratones

flor de caballo, amigo! Solamente le faltaba el trole!

La indiada grito ¡largaron!!!! y ahí fue el merengue, Dios mío!!!
un pingo rajó pa'l río, los otros se desbocaron
Datos y fijas fallaron, nunca se vio nada igual
y mi robusto bagual, al tranquito y sin alarde
llegó tres días más tarde, pero ganó el Nacional.


Letra de Ernesto Cardenal 
Letra de Jaime Vila 

Para terminar, este poema de Héctor Gagliardi, que de alguna manera explica y describe el caso de mi finado abuelo, claro está que desde el costado humorístico. 

CARRERAS SON CARRERAS

Me sacaron de la cama,
un domingo medio enfermo,
me llevaron a Palermo,
sin dejarme respirar,
me dijeron que no hablara,
ni siquiera para adentro,
porque había una "lauchita",
que era largar y cobrar...

Me dejaron contra un árbol,
me dijeron !esperate!,
y se fueron con un ñato,
que era amigo del patrón,
y yo firme contra el árbol,
y la fiebre contra el mate,
pero el dato lo valía,
daba un kilo al ganador...

Así estuve tres carreras,
esperando que volvieran,
me tomaron por "datero",
por pesquisa y cuidador,
me pidieron los borrados,
el sport, la lapicera,
y yo firme contra el árbol,
con valor y abnegación...

Abombado por la fiebre,
por el frío y el cansancio,
me dio ganas de hacer algo,
y me puse a caminar,
no había hecho cuatro pasos,
que me gritan: !Che Venancio!,
no te muevas, que los puntos,
no hacen más que relojear...

Y al oido me dijeron,
con el siete desnudate,
!con la gripe que yo tengo,
que se desnude José!
!quien te habla de la ropa!
jugá al siete, !apurate!
que ya estamos sobre el cierre,
y la "laucha" viene a cien...

Me jugué toda mi plata,
y me fui a la tribuna,
y busqué en una revista,
saber algo de mi crack,
lo corría xx...
con chanc, man, clis, gor luna,
para mí que ese caballo,
debía ser de Burichang...

Me enteré cuando largaron,
porque todos se apoyaban,
me llenaron de preguntas,
de cenizas y café,
el de arriba me aturdía,
el de al lado me codeaba,
y el de abajo me gritaba,
el de artigas como viene, viene bien... ?

Pero el lío vino grande,
al final cuando llegaron,
a mi, que estaba en ayunas,
me tomaron por veedor,
pero amigo, se dio cuenta,
cuando al hombre lo encerraron,
si fue al "tano" que pecharon,
que lo diga este señor...

Para mi ganó el de afuera,
dijo un gordo chiquitito,
y un flaco que estaba al lado,
en la cara le gritó:
pero aprenda a ver carreras,
catedrático de ojito,
o no vio que el de los palos,
ni siquiera castigó...

Al final ganó cualquiera,
el que menos lo nombraban,
y empezaron los lamentos,
a escucharse alrededor,
y yo abajo, tiritando,
por la fiebre preguntaba,
!señor! si no les molesto,
quién ha sido el ganador... ?

Sin mirarme el aludido,
contestó con ironía,
el que iba pa' los giles,
como dijo este chauchón,
!anda a pegarte un tiro,
quién te dijo que no iba!,
le contesto el acusado,
colorado de indignación...

Yo enfilé para otro lado,
para ver si me informaban,
y lo emboque a un Galaico,
que era mozo de café,
que rompiendo los boletos,
por lo bajo murmuraba,
iba a ganar el "podrido",
justo hoy que lo deje...

Yo rogaba por adentro,
que el "podrido" fuese el mío,
o el que iba pa' los giles,
la cuestión era cobrar,
Y al bajar de la tribuna,
divisé a mis amigos,
que de lejos parecían,
regresar de un funeral...

Menos mal que a la vuelta,
me dejaron satisfecho,
el caballo,
el caballo había perdido,
pero con toda razón,
si lo largaron trabado,
se encajonó en el derecho,
después cambio de mano,
querés más explicacion... ?

Que si no, que !pobre de ellos!
los dejaba en el camino,
con la "papa" que llevaba,
era fija nacional,
pero el frío de esa tarde,
cuando a pata nos vinimos,
lo acerté con pulmonía,
y... y tres meses de hospital...

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada