martes, 4 de septiembre de 2012

Dos décadas sin la guitarra tanguera de Roberto Grela


Roberto Grela, considerado el más grande guitarrista de la historia del tango, falleció hace dos décadas dejando un legado construido “de oído” que alcanzó su cumbre expresiva en yunta con el bandoneón de Aníbal “Pichuco” Troilo.
A contrapelo de otros grandes violeros de la música ciudadana, Grela construyó su tránsito artístico de manera autodidacta y a medida que fue adentrándose en mayores desafíos interpretativos, siempre se valió de una púa de carey con la que, afirmaba, encontraba “su” sonido.
El creador nació el 28 de junio de 1913 en el barrio porteño de San Telmo, en una familia que respiraba música, ya que su padre y su tío formaban el dúo Los Hermanos Delpaso.
Tempranamente Grela aprendió a tocar la mandolina pero a sus 7 años fue el guitarrista Manuel Parada (también autodidacta), quien lo convenció de cambiar de instrumento.
Con la guitarra en las manos y apenas una década más tarde, Grela se hizo profesional acompañando a Roberto Maida en radio LR3 y luego trabajó también con Charlo y junto a Fernando Díaz, quien por entonces acababa de abandonar la orquesta de Francisco Lomuto.
En esa etapa con Díaz aparece el Grela compositor, ya que dota de melodía a una poesía de Francisco Garrindo para dar forma al tango “Las cuarenta”, que fue un éxito en la época y que, además de ser cantado por Díaz, pasó a integrar los repertorios de Maida y de Azucena Maizani.
Aunque su ligazón con el universo tanguero resulta explícita y natural, el hecho de haber pasado a integrar el conjunto folclórico de Abel Fleury (1903-1958), al que señaló como “el padre de los guitarristas” y junto a quien aprendió secretos del instrumento.
Lo importante de esa formación no lo dejó mucho tiempo afincado en el folclore ya que enseguida se acercó al jazz y hasta llegó a liderar su propio grupo del género que se denominó American Fire.
En ese camino de curiosidad también se interesó por la música brasileña, pero su regreso al tango fue a través de la puerta grande y a partir de la invitación de Troilo.
“Pichuco” había armado con Cátulo Castillo la comedia musical "El patio de la morocha" y al filo de su estreno en 1952, en el que ahora es el Teatro Presidente Alvear, el bandoneonísta pensó en Grela para que lo acompañara en la ejecución de "La cachila".
Las crónicas de la época dieron cuenta de que la versión a dúo hizo estallar al público que pidió un bis y debieron volverlo a ejecutar porque, además, era el único tema que habían ensayado.
El furor por esa química no pasó desapercibida para el sello TK, que le propuso al binomio sumar a otros dos músicos (Edmundo Zaldivar en guitarrón y Kicho Díaz en contrabajo) y aunque los laderos fueron cambiando y luego se añadió la guitarra de Domingo Laine, el motor de todo aquello era la conjunción Troilo-Grela.
Entre ambos escribieron una página fundamental para el abordaje del tango a bandoneón y guitarra e instauraron un formato can camarístico como emotivo que sentó unas bases sobre las que la música ciudadana encuentra resonancias por donde seguir latiendo.
El encuentro entre Aníbal y Roberto generó un ida y vuelta hondo, profuso y tremendamente sentimental que se explica a partir del grado de comunión que lograron alcanzar en versiones de “Mi noche triste”, “Pa que bailen los muchachos”, “Mi refugio” o “La trampera”, por citar solamente unos pocos ejemplos.
Esa cima compartida no lo detuvo y aunque ya no trabajo con “Pichuco”, sí fue capaz de unirse a otro grande del bandoneón como Leopoldo Federico para impulsar el Cuarteto San Telmo.
Hacia 1964 encabezó juntamente con Troilo, Edmundo Rivero y Horacio Salgán, entre otros, el espectáculo “Tango” que se ofreció en el Teatro Colón y, más tarde, impulsó el grupo La Trova Porteña, junto a Raúl Garello, Horacio Ferrer y María Cristina Laurenz.
Grela falleció el 6 de septiembre de 1992 en Buenos Aires y en 60 años de actividad también acompañó a Nelly Omar, Alberto Marino, Tito Reyes, Héctor Mauré, Alberto Podestá y Jorge Vidal, y compuso piezas entre las que destacan “Viejo baldío”, “Callejón”, “Amarga despedida” y “Bendito”.

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