domingo, 8 de julio de 2012

La Negra Bozán


 Sofía Isabel Bergero, su nombre real, había nacido en Buenos Aires el 5 de noviembre de 1905, dato que nos ubica en el tiempo. Su popularidad artística abarcó desde la década de 1920 hasta parte de los años 50. Como cancionista y actriz, supo ganarse el calificativo de Mito Porteño, al que no muchos suelen acceder. 
En calidad de cantante debutó con el tango Canillita y, en 1931, demostró cualidades actorales junto a Carlos Gardel, en la película Luces de Buenos Aires. En el teatro revisteril se inició con la obra de Manuel Romero, Los pronósticos de 1922 en el Opera, donde trabajaba su prima hermana, Olinda Bozán. Fue atracción en las principales salas, particularmente en el Maipo, donde el éxito la acompañó por más de 20 años. Se le otorgaron los títulos de La Bozán, El Alma del Maipo, La Reina de la Noche Porteña, entre otros.
En su poesía "Viejo Variete" María Elena Walsh dice: "...Apáguense / las nuevas luces del viejo varieté / No volverán / ni Fidel Pintos ni la Negra Bozán. / Hoy no es ayer / pero lo mismo buscamos el placer / De oír a los cantantes / (qué manga de farsantes) / que al fin nos hacen rejuvenecer." Seguramente no volverán, pero es necesario rescatar a "La Negra Bozán" como un personaje mítico de Buenos Aires, actualmente desdibujado por el paso del tiempo. Hoy es difícil dar una idea de lo que significó Sofía para el tango y para el porteño. Quizá algunos datos sirvan para entender los motivos de su éxito. La Negra Sofía era comunicativa, pícara y divertida, eso fue lo que cautivó al porteño. Se encargó de quitarle la tristeza al tango. Era desenfadada. Cantaba tangos reos. Se desenvolvía en el escenario con total soltura. Era muy popular y el público solía pedirle que repitiera varias veces sus temas y ella lo hacía gustosa. Se mostraba muy solidaria con la gente . Arrabalera y femenina. Era auténtica. Sofía se inició en teatro formando parte del coro en la compañía Vittone-Pomar, en la revista de Manuel Romero "Los pronósticos de 1922" en el Teatro Opera, donde trabajaba su prima hermana, Olinda Bozán.

DEDICATORIA.

En su poesía Viejo Varieté, María Elena Walsh dice: “…Apáguense/ las nuevas luces del viejo varieté./ No volverán/ ni Fidel Pintos ni la Negra Bozán./ Hoy no es ayer/ pero lo mismo buscamos el placer/ de oír a los cantantes/ (qué manga de farsantes)/ que al fin nos hacen rejuvenecer.” 
Desdibujada por el paso del tiempo, actualmente es difícil valorar lo que significó Sofía para el tango y la gente. Quizás algunos datos permitan entender los motivos de su éxito. Según Tuqui Rodríguez --un buceador en la historia de la calle Corrientes angosta—. “La Negra Bozán era comunicativa, pícara, divertida y cautivante. Se encargó de quitarle la tristeza al tango. Desenfadada, cantaba tangos reos. Se desenvolvía en el escenario con total soltura. Era muy popular y se mostraba solidaria con el público. Arrabalera y femenina, era auténtica.”

PRIMEROS TANGOS.

Integrando la famosa compañía teatral Muiño-Alippi, tras intervenir en algunos sainetes y como bailarina, a Sofía Bozán le llegó la oportunidad como cancionista. Estrenó el tango Canillita (Botta-De Bassi) y luego vinieron otros aciertos: Qué calamidad (Teres-Contursi), Un tropezón (Bayón Herrera-De los Hoyos), Yira, Yira y Cambalache (Discépolo). Con este último sacó chapa de fama, por cuanto le corresponde a Sofía el haber sido quien estrenó en 1935 esa emblemática obra, de plena vigencia. Los tangos de La Negra delineaban perfectamente la tipología del porteño. En ellos podía verse al cargoso Estampilla, al guapo en Guapo sin grupo, a la bataclana en ¡Qué querés con ese loro!, al viejo verde en Cuando un viejo se enamora, al compadrito presumido en Compadrón, al vividor en Engominado y otros como El amarrete y Haragán. Todos reos, cómicos, arrabaleros, hechos a la medida de la personal intérprete.

AUTORETRATO.

Actuó en radio, televisión y grabó discos, pero el fuerte de Sofía era el teatro de revistas, un género que necesitaba alguien especial para desempeñarse con fluidez en el escenario y soportar la agresividad que imponía el contacto directo con la gente. Fue una adelantada a su tiempo y le gustó transgredir, aunque sin proponérselo. Lo hacía naturalmente. Así opinaba sobre el arrabal, en un reportaje para la revista La canción moderna, en 1928: “Para mí es mi cuna y también la del tango, quizás por eso es tan grande la sugestión que sobre mí ejerce el tango, el amante más fiel que supe encontrar”. De los hombres: “Delante de ustedes no contesto nada, si fuera una mujer la que me hiciera la pregunta le respondería: “Me gustan una barbaridad”. Esas palabras eran todo un atrevimiento en esa época; sólo se le toleraba a ella. 

PALMO A PALMO.

Alrededor de 1930 su figura era tan popular que rivalizaba con su amigo Carlos Gardel, quien llegó a definirla como “Mi equivalente en mujer”. Por su parte, Marco Denevi decía en un artículo periodístico: “…Y Sofía Bozán opta por la caricatura, iniciando una desmitificación del tango, sin que nadie se dé cuenta, distraídos todos por la risa que provoca esa encubridora de las revoluciones”. 
En el cine, arrancó con cortometrajes, cantando junto a otro magnético personaje divertido de la escena, José Bohr. Utilizaron la misma cámara conque fueran filmados los cortos de Gardel. Luego, tras protagonizar Luces de Buenos Aires, desde 1936 se sucedieron varias películas: Puerto Nuevo, Los muchachos se divierten, Loco lindo, ¡Goal!, Muchachos que estudian, Carnaval de antaño, Isabelita, Elvira Fernández, vendedora de tienda; Rodríguez Supernumerario, Campeón a la fuerza, Arriba el telón (o Patio de la morocha) y La calle del pecado (1954), el último entre unos 30 filmes de Sofía.

DOTADA.

Actuó ante los micrófonos de distintas emisoras, como Radio Prieto y Radio Belgrano. En televisión participó en los programas Petit Café, donde cantaba temas de su repertorio; en el Tropicana Club tenía como consigna ‘llevar el Maipo a las casas’ con sus cuadros revisteriles y hacía un bloque especial Corrientes (por la calle) está de fiesta. Sofía Bozán representó en la Revista Porteña una vedette de la canción criolla, pero su gama de recursos le permitió destacarse —según la definiera Jorge Palacio Faruk— como “una cancionista atípica, mezcla rara de vedette, cómica, partenaire, actriz.” 
Sin embargo, se puede afirmar que el género que cultivó fue el de Sofía Bozán. Porque ha sido única. Bailaba muy bien el tango y la milonga, lo que ha quedado plasmado en sus películas. Trabajó junto a los grandes capocómicos de la Argentina: Pepe Arias, Luis Sandrini, Alberto Anchart, Castrito, Dringue Farías, Marcos Caplán, Vicente Rubino y Gogó Andreu. 

SU MUERTE.
Con sólo 52 años, pero más de tres décadas en la escena, falleció de cáncer el 9 de Julio de 1958, día en que actuó en el Maipo. Enseguida, Pablo Hechín compuso La Negra Bozán, un tango en su homenaje: Llevabas en tu alma bondadosa y noble/ gracia y picardía del tango canción./ Tu estampa tanguera paseó por el mundo/ y Francia la eterna tu arte aplaudió…/ Muchacha criolla, quedó tu recuerdo/ y tu Buenos Aires no te ha de olvidar./ Negrita querida, con honda tristeza/ te brinda este tango responso final. 
Algunos titulares de los diarios de la época son elocuentes: “Con la negra Sofía Bozán se va un alegre jirón del Buenos Aires querido” (Crítica). “Sofía Bozán estaba en el corazón popular” (Clarín). “Con la Negra Bozán se va un poco del tango de oro” (Democracia). “Murió Sofía Bozán, una expresión de Buenos Aires” (La Razón). “Los transeúntes despidieron frente al Teatro Maipo a la Negra Bozán” (Crítica). “Relieve de popularidad en las exequias de Sofía Bozán” (Clarín). 
Tuqui Rodríguez escribía: “Rescatar a Sofía Bozán es recuperar la identidad cultural del porteño. La alegría perdida. Esos tangos exitosos que deben volver para no olvidar lo que fuimos y para saber quienes somos. Tangos eternos cantados por esa mina, pebeta y papusa”. 
¡Cuánta falta hacen hoy en la escena personajes así! Para devolver la sonrisa a la gente, con picardía, ingenio, autenticidad y sin golpes bajos, que aquella figura mítica supiera conseguir y hacer real la consabida frase de que la alegría es salud.


Estampilla - Tango – 1928
Estampilla… 
Vos sos un gran pegote,
vivís siempre de cogote
y ande quiera te enchufás.
Y donde te prendés
ya no te despegás.
No hay convidada donde vos
no te ubiqués.

Estampilla… 
Buscá otro que te aguante;
si cacharas el espiante 
te regalo un coche Ford.
Si al que nos presentó
lo llego a capturar,
¡ni de castañas va a ligar!

¿No tenés otros amigos en la vida
pa’ poderlos escorchar?
Yo te encuentro en el café/
y en la comida,
no sé cómo disparar.
Si hay una discusión vos mojás
y al más tiburón
le das la razón.

Y a la hora de pagar te rajás,
p’andar de gorrión
vos sos un campeón…
Estampilla, ¡qué no encontrás/
en la vida
quien te meta en el buzón!

Estampilla… 
vos sos un gran pegote,
vivís siempre de cogote
y ande quiera te enchufás.
Sin grupo que secás,
ya me tenés palmao,
¡qué no haya un auto
que te cache de costao!

Estampilla… 
Si doy algún mal paso
y algún día yo me caso
a la fiesta no faltés…
Y juego, cinco a diez,
que a la hora de atorrar
debajo el catre vas a estar.

Letra: Manuel Romero. Música: Enrique Delfino.


Lo grabó Gardel con las guitarras de Aguilar y Barbieri el 20.6.29. Fue un uno de los éxitos de Sofía Bozán en el teatro revisteril.

Definiciones y rasgos de su personalidad

CREADORA.

En un reportaje, supo afirmar Sofia Bozán: “Creé el tango cómico, en él me especialicé y con él me fui a Europa”. No todos estaban de acuerdo con esta afirmación, sin embargo no podía negarse que la mayoría de los autores escribieron tangos humorísticos basándose en la personalidad de esa artista y del porteño, sabiendo que cantados por ella serían un éxito. Varios no eran considerados de categoría, pero La Negra supo encontrarle la vuelta para llevarlos al lugar más alto. Cuando volvió de Europa, en su léxico popular, dijo: “Traer etiqueta extranjera da más corte en su país”.
DE CORAZÓN. En cuanto a su condición de cantante expresaba: “Yo sé que desentono; a veces la música va por un lado y yo por el otro. ¿Qué le vas a hacer? Pero interpreto y creo. En París me dijeron que era una diseuse (decidora), y en verdad que más que cantar yo digo el tango, con la hondura como lo siento. No tengo mejor voz que Maurice Chevalier, pero tampoco menos corazón”.
NATURALIDAD. Sofía Bozán hablaba un lenguaje popular, tenía en su haber muchas palabras propias del porteño y del lunfardo. Utilizaba asiduamente el Che, algo bien argentino. Mostraba su cuerpo sin ningún tipo de inhibiciones. Se adelantó en el tiempo.


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