viernes, 27 de julio de 2012

JUAN CARLOS LAMAS UN DANDY


GOGO ANDREU, JUAN C. LAMAS , DELFOR MEDINA Y JOSE VALLE

Recorriendo hoy aspectos de su trayectoria, caemos en la cuenta, que el año y medio que actuó con Juan D’Arienzo fue lo más importante de su carrera como cantor de tangos. Su espíritu curioso lo llevó luego a recorrer diversas ciudades del mundo y transitar otras facetas del quehacer artístico.
Atrapado desde adolescente por el canto, fue en su ciudad que comenzó casi profesionalmente a cantar por la radio. Pronto tuvo su presencia el Teatro Colón de Rosario, actuó por un tiempo como integrante de una orquesta local y a continuación, inició su partida hacia Buenos Aires.
Una vez en la capital, rápidamente hizo amigos y pronto tuvo la oportunidad de hacer presentaciones en locales céntricos, usando el seudónimo de Carlos Dumas.
En aquellos días, solía citarse en algunos cafés de los alrededores de la avenida Corrientes y la calle Paraná, por esa razón no resultó extraño que en un momento dado se conociera con Juan D’Arienzo, ya que a pocos metros funcionaba el reducto preferido del director: El Chantecler (Paraná 440).
Seguramente, consiguió el momento propicio para decirle que cantaba y el maestro, como hizo otras veces, aceptó escucharlo. La cita fue en Radio El Mundo —como poco tiempo más tarde hiciera con Armando Laborde—, la prueba resultó satisfactoria tras un par de temas fuertes como son “A la luz del candil” y “Pa’ que bailen los muchachos”.
Corría el año 1942. Su primer paso fue acudir como espectador para conocer el ritmo de la orquesta y poco después, convertirse en el compañero de Héctor Mauré.
Así inició su labor siguiendo el circuito de la orquesta: la radio, el cabaret, los carnavales en el Club River Plate y los habituales viajes a Montevideo. Por supuesto también llegaron las grabaciones que se extienden a lo largo de 15 meses.
Las tres primeras, el 24 de septiembre de 1942: “Pompas de jabón”, “Vieja recova” y “Embrujamiento”. El 27 de octubre: “Carancho”, deFulvio Salamanca con versos de Héctor Marcó y “Seguime corazón”. El 29 de diciembre: “Pobre mascarita”, de Salvador Granata y Orlando Romanelli.
Al año siguiente, el 23 de junio de 1943, la milonga “Música de mi Argentina”. El 28 de septiembre: “Aquel muchacho de la orquesta”, de Luis Caruso. Y llegamos al 27 de diciembre cuando realiza sus tres últimos registros con D’Arienzo: “Candombe rioplatense”, de Pintín Castellanos y Carmelo Santiago; “Es inútil que la llore”, de Salvador Grupillo y Luis Caruso y “Viejo tintero”, de Graciano De Leone y Estella Mamán.
A continuación, tuvo presentaciones diversas hasta que llegaron los viajes por el mundo. Primero fue a Méjico y a Cuba, luego a Puerto Rico y España. Finalmente, Italia donde ancló durante un buen tiempo en su capital, Roma, donde hizo teatro. En las obras, cantaba diversos ritmos —no únicamente tangos— y, también, actuó como actor de comedias.
De allí pasar al cine era casi lógico. Una decena de películas lo contaron en sus elencos, pero hubo una muy importante donde sólo aparece un par de minutos o aún menos e incluso tiene un renglón de palabras, pero suficiente para un film que se recordará siempre: “La dolce vita”, de Federico Fellini, estrenada en la Argentina en 1960.
La escena tiene lugar en un departamento lleno de gente. En el medio de las charlas y las copas, el notable actor Franco Fabrizzi roba un encendedor de oro. Rápidamente, el ladrón es descubierto y, en esas idas y venidas entre varios personajes, aparece Lamas. Nada más que eso, pero suficiente.
El pequeño papel le sirvió, a su regreso a la Argentina, para que lo tuvieran en cuenta para varios films, algunos de ellos muy importantes. A manera de ejemplo podemos citar: “Martín Fierro” (1968), dirigida por Leopoldo Torre Nilson, con Alfredo Alcón y Graciela Borges; con el mismo director, “El santo de la Espada”, también con Alcón y Evangelina Zalazar; “Amalio Reyes, un hombre” (1970), dirigida por Enrique Carreras, junto a Hugo del Carril y Julia Sandoval. También lo llamó la televisión para varios teleteatros.
Al final de su interesante y curiosa trayectoria, hizo algunas giras por el interior del país y por el Uruguay. Y como dato ilustrativo, podemos afirmar que nunca dejó de aceptar un envite para cantar cuando le interesaba la propuesta.
Este artista rosarino, fue dueño de una voz chiquita pero muy expresiva, siempre bien colocada, con una afinación perfecta y sobria interpretación donde se destaca un fraseo porteño pero, a la vez, delicado.Fui su amigo y productor hasta su muerte, un personaje entrañable, buen amigo , un gran tipo.

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