lunes, 16 de julio de 2012

Enrique Cadícamo

Poeta y compositor. Nació con el siglo, el 15 de julio de 1900, en una estancia de Malcolm, cerca de Luján provincia de Buenos Aires en la que su padre oficiaba de mayordomo. 
Décimo hijo de familia de inmigrantes italianos. a los seis años la familia se traslada a Floresta, tras un fugaz paso por Luján. En su juventud en 1918 trabajó en el Consejo Nacional de Educación junto con Leopoldo Lugones.Compuso con el seudónimo de Rosendo Luna. También compuso en sociedad con Juan Carlos Cobián. Cuando conoce a Gardel, tiene ya toda una obra: Gardel le grabará 23 temas entre 1925 y 1933. Se convertiría en el compositor preferido de Gardel, para resaltar el trato que tuvo con Carlos Gardel basta una frase del propio Cadícamo “No tengo fotos con Gardel. Pero cantó 23 tangos míos, que son como 23 fotos”. Su primer tango fue “Pompas de Jabón”, otras de sus composiciones “Al mundo le falta un tornillo”, “Rubí”, “Tres esquinas”, “Tres amigos “,”La he visto llorar”, “Almitaherida”, Publicó tres poemarios: "Canciones grises" (1926),  "La luna del bajo fondo" (1940), "Viento que lleva y trae" (1945). Libros: "El debut de Gardel en París", "La historia del tango en Paris", "Mis memorias". Como autor teatral: en colaboración con Félix Pelayo: “La epopeya del tango” y “ La baba del diablo” y también “El romance de dos vagos” con Germán Ziclis, “El cantor de Buenos Aires”, con Alberto Ballerini y con Martín Lemos “Los cuentos de un príncipe” En 1987 fue declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. En 1996 fue distinguído como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina.Falleció en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1999, a la edad de 99 años.



El poeta Juan Gelman afirmó que los cruces entre sus textos literarios y el tango, condensados en el espectáculo "Del amor", son "naturales" y, al evocar su relación con los más reconocidos autores del género, recordó una anécdota con Enrique Cadícamo.
Gelman señaló  que el autor de tangos célebres como "Madame Ivonne", "Anclao en París" o "Nieblas del Riachuelo", escribió un tango llamativamente similar a una texto del poeta alemán Heinrich Heine.
"En el tango 'Ella se reía', Cadícamo cuenta la historia de un chorro que está enamorado de una mina; cae y lo condenan y el día que se lo llevan a Ushuaia, la mina se levanta otro tipo. En el texto de Heine es la misma historia, aunque ahí le cortan la cabeza. Todas las estrofas, en los dos casos, terminan con la frase 'ella se reía'".
Gelman cuenta que una vez que se cruzó con Cadícamo y le hizo notar la sospechosa similitud. "Enrique, cómo hizo para inspirarse con esa letra, le dije".
"Y él, mirando al horizonte, me dijo: bueno Gelman, usted es poeta, ya sabe como es esto".
Gelman, de alguna manera, justificó el "préstamo" de Cadícamo porque, al cabo, dijo, "ante todo, tenía el mérito de conocer la obra de Heine; y, desde mi punto de vista, la mejoró".
La letra que escribió Cadícamo en el tango "Ella se reía", en clave de lunfardo, es la siguiente:
Ella era un hermosa nami del arroyo.
Él era un troesma pa' usar la ganzúa.
Por eso es que cuando de afanar volvía,
ella en la catrera contenta reía,
contenta de echarse dorima tan púa.
De noche él robaba hasta la alborada.
De día dormían los dos abrazados.
Hasta que la yuta, que lo requería,
lo alzó de su saca... Y ella se reía,
mientras a Devoto iba el desdichado.
Tras la negra reja de la celda, el orre
a su compañera llorando batía:
"¡Por vos me hice chorro! ¡Quereme, paloma!..."
Pero, indiferente al dolor del choma,
alzando los hombros, ella se reía...
Pasaron los meses... Vino la sentencia...
Pa' Tierra del Fuego al punga embarcaban
a las seis en punto de una tarde fría...
A la siete, ella se apiló a otro rufa;
a las ocho, andaba con él de garufa y,
al sonar las nueve, curda se reía ...
ANCLAO EN PARIS:
Enrique Cadícamo estaba en Barcelona, siguiendo al trío Irusta-Fugazot-Demare en esta ciudad a la que muchos apodan desde entonces la tercera patria del tango, cuando se enteró de que Gardel se disponía a cantar en París. Sin dudarlo, viajó especialmente en wagon-lit para presenciar el hecho. Se alojó en el hotel Radio, recibió la visita impertinente de una joven polaca llamada Erika, se deslumbró con la vida nocturna de Montmartre y con la ciudad entera, y hasta llegó a ver cómo Osvaldo Fresedo tocaba durante tres meses en el renovado El Garrón, con Ernesto Famá como cantor. Por entonces, actuaban también en París, entre otros, Enrique Delfino, Mario Melfi o Julio De Caro.
De regreso en Barcelona, alojado en el hotel Oriente y a sabiendas de que Gardel continuaba cantando con éxito en otras ciudades de Francia como Cannes o Niza -en esta última conoció a Chaplin-, Cadícamo recibió del guitarrista Barbieri el pedido de una letra, pidió café doble y coñac, y se puso a escribir "de un tirón, en menos de una hora", el tango que mejor plasma la historia del tango y los argentinos en el París de hace casi ochenta años. "Salí a caminar por la Rambla, me encontré con el actor Arturo García Bur y no pude sustraerme en mostrarle los versos." Había nacido Anclao en París, con ese estribillo que habla de Montmartre, rincón sentimental. Al día siguiente, despachó la letra por correo. "Fue el primer tango escrito por vía aérea", bromearía el autor de Nostalgias, muchas décadas después.
El tango en París llegó a tener sus intérpretes locales: los franceses Georges Caumont y Joseph Colombo o incluso el franco-italiano Tani Scala. Llegó a aplicarse como slogan comercial: té-tangó, champán-tangó, etcétera. Y nació, asimismo, lo que muchos aún denominan tango-musette, adaptación europea en la que el acordeón sustituye al bandoneón y en cuyo dominio se destacaron Gus Viseur, Emile Carrara e Yvette Horner. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, marcó la muerte de toda una época. A fines de los años 40, "el tango argentino en París entró en decadencia -dice Plisson-, ya que no pudo reemplazar el público con el cual había envejecido". La llegada de Piazzolla a Francia, en 1954, para estudiar con Nadia Boulanger fue el primer acto de una lenta resurrección que se hizo más notoria a mediados de los 70. Más que un renacimiento fue, puede decirse, un segundo nacimiento. 

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