jueves, 7 de junio de 2012

- Una historia de amor dio lugar al tango "GRICEL"


Gricel nació en Buenos Aires el 15 de abril de 1920 para luego trasladarse con su familia a la localidad cordobesa de Capilla del Monte. Instalada en ese pueblo, lejos de sus amigas, de la vida social porteña y de sus patines de rulemanes, se dedicó a trabajar en la estación de servicio de su padre y a estudiar piano.
CONTURSI
Transcurrido un tiempo, recibió una carta de sus amigas, quienes la invitaron a pasar unos días en Buenos Aires. Gricel no dudó y tomó el tren que la llevaría, sin saberlo,  a conocer al amor de su vida, José María Contursi nacido en Lanús el 31 de octubre de 1911, locutor de radio, poeta y autor de excelentes tangos como “En esta tarde gris”; “Cristal”, “Gricel”, etc
En ese viaje, durante los paseos por la gran Ciudad, entre restaurantes, recorrida por negocios paquetes de la Avenida de Mayo y la concurrencia a las audiciones radiales, un día Gricel  presenció la actuación de las hermanas Omar en Radio Stentor, quiens le presentaron a un  joven  que se presentó como José María Contursi, el flechazo mutuo fue tal, que jamás se olvidarían el uno del otro.
Gricel regresó a Capilla del Monte y pese a que su rubia humanidad ganó todos los concursos de belleza del Valle de Punilla, sus suspiros y su mirada lejana, respondían a sus sentimientos de añoranza hacia Contursi.
Pero el destino los volvería a unir en 1938, cuando Contursi, afectado por una fiebre intestinal recibió el clásico consejo médico de aquellos tiempos: los aires de las sierras de Córdoba. Sus amigas, las hermanas Omar le informaron que en Capilla vivía Gricel.
Contursi, dejando en Buenos Aires a su esposa  y  una hija, partió raudo a Córdoba para curarse y, además, para conquistar un  trofeo muy preciado en su larga carrera de rompecorazones. Se conocieron, vivieron un apasionado romance, pero Contursi regresó a Buenos Aires. Pronto comenzaría a añorar a Gricel  y el galán ganador de otros tiempos, clamaría ¡Qué ganas de llorar en esta tarde gris!.
Al poco tiempo, inventando otra fiebre intestinal regresó a Capilla del Monte, pese al llanto de su esposa, para estar junto a su amor Gricel.  Finalmente, un día tuvo que optar, y como hombre cabal de aquella época, volvió al lado de su esposa con intestinos sanos pero con el corazón destrozado.
Continuaron su relación por carta,  hasta que un día, llegó una  con la letra del tango “GRICEL”, quien seguía ganando concursos de belleza en el Valle de Punilla pero inmersa en una profunda melancolía. Todo el pueblo comenzó a llamarla: "Gricel, la del tango".
Pasaron los inviernos y Gricel recompuso su vida, contrayendo matrimonio con Jorge Camba, pero hubo un problema: Camba también era afecto a las faldas y la abandonó en uno de sus frecuentes viajes al Chaco.
Un día del año 1962 llegó a Capilla del Monte el célebre bandoneonista cordobés Ciriaco Ortiz, trayéndole a Gricel la noticia de la viudez de Contursi, jurando que no era emisario de nadie. También le transmitió que su gran amor sólo encontraba consuelo en el alcohol que consumía en la confitería El Molino.  Grisel partió  rumbo a Buenos Aires. Se encontró con su gran amor en esa confitería. Contursi con su clásica apostura, traje gris, tiradores, luciendo canas y el aroma de la colonia Giesso, la recibió sorprendido en un sueño real.
Se vieron y perdonaron. Al tiempo fueron a vivir a Capilla del Monte, donde continuaron su historia de amor hasta el fin de sus días.

Gricel
Tango 1942
Música: Mariano Mores
Letra: José María Contursi
No debí pensar jamás
en lograr tu corazón
y sin embargo te busqué
hasta que un día te encontré
y con mis besos te aturdí
sin importarme que eras buena...
Tu ilusión fue de cristal,
se rompió cuando partí
pues nunca, nunca más volví…
¡Qué amarga fue tu pena!

No te olvides de mí,
de tu Gricel,
me dijiste al besar
el Cristo aquel
y hoy que vivo enloquecido
porque no te olvidé
ni te acuerdas de mí...
¡Gricel! ¡Gricel!

Me faltó después tu voz
y el calor de tu mirar
y como un loco te busqué
pero ya nunca te encontré
y en otros besos me aturdí…
¡Mi vida toda fue un engaño!
¿Qué será, Gricel, de mí?
Se cumplió la ley de Dios
porque sus culpas ya pagó
quien te hizo tanto daño.

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