martes, 15 de agosto de 2017

Homenaje a Niní Marshall y Francisco Álvarez en el ciclo "Historia y Tango en el cine" de Bahía Blanca.

El Jueves 24 de agosto a las 17 hs el ciclo "Historia y Tango en el cine" presentará "HAY QUE EDUCAR A NINÍ" (95 minutos), con entrada libre y gratuita en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560). La misma será presentada por el productor cultural José Valle quien hablará sobre los actores Niní Marshall y Francisco Álvarez.

“Hay que educar a Niní” fue dirigida por Luis César Amadori, con guion de René Garzón, Amadori y Tito Davison y se estrenó el 17 de julio de 1940. Protagonizada por Niní Marshall y Francisco Álvarez, completan el reparto Pablo Palitos, Nury Montsé, Héctor Calcaño, Cirilo Etulain, Mirtha y Silvia Legrand, entre otros.
Sin groserías y sin falsos recursos para provocar la risa, Niní Marshall crea una de las mejores comedias que ha dado el cine argentino. La gran estrella no recrea en esta ocasión a ninguno de sus populares personajes, se interpreta a sí misma venciendo su natural timidez.
Es la historia de una joven extra de cine que se hace pasar por la hija de un millonario financista a instancias de un abogado. En lugar de rechazarla, el millonario la adopta a escondidas de su mujer, y la interna en uno de los mejores colegios de señoritas para mejorar su educación. Un grupo de maestras se propone transformar la educación de Niní, tarea que no será fácil
Niní Marshall fue el seudónimo de Marina Esther Traveso,inició su carrera como redactora en la revista Sintonía en la década de 1930 bajo el seudónimo de Mitzy.​ Incursionó como cancionista en una serie de programas radiofónicos hasta que sus dotes para la comedia la llevaron a participar como actriz y formar un dúo cómico con Juan Carlos Thorry. Su popularidad fue en aumento y Manuel Romero la incorporó como actriz protagónica y guionista en la película Mujeres que trabajan (1938). Entre 1939 y 1940, encabezó una trilogía dirigida por Romero que incluyó los filmes Divorcio en Montevideo, Casamiento en Buenos Aires y Luna de miel en Río.
Su observación minuciosa de la sociedad la llevó a crear dos personajes emblemáticos, Catita y Cándida, dos arquetipos de la inmigración europea del siglo XX, con los que intervino en gran parte de sus películas. A comienzos de los años de 1940, encabezó las primeras superproducciones de la historia del cine argentino, Carmen (1943), Madame Sans Gene (1945) —por la que obtuvo el premio a la mejor actriz cómica de la ACCA— y Mosquita muerta (1946), todas dirigidas por Luis César Amadori. Tras el golpe de Estado de 1943, Marshall debió exiliarse en México luego de que las autoridades consideraran el lenguaje utilizado por sus personajes como «una deformación del idioma».3​ La situación se volvió a reiterar en 1950 cuando, en un confuso episodio, Marshall dejó de recibir ofertas de trabajo durante el gobierno de Juan Domingo Perón.
Su retorno al cine luego tras la caída del peronismo tuvo lugar en Catita es una dama (1956), que no tuvo el mismo éxito que sus películas anteriores. Sus siguientes actuaciones fueron en comedias de bajo presupuesto que le ofrecieron un lucimiento limitado y tuvieron una mala recepción. En cambio, sus presentaciones televisivas en los años de 1960 en el ciclo de Nicolás Mancera, Sábados circulares, generaron repercusión en el público.​ En 1973, fue convocada por Lino Patalano para desarrollar un espectáculo de café-concert, Y... se nos fue redepente, que alcanzó más de 1500 presentaciones y le permitió llevar a escena todos sus personajes. A lo largo de su carrera teatral, por su parte, se destacó en Coqueluche, Buenos Aires de seda y percal y La señora Barba Azul. Su éxito como humorista le valió los apodos de «la dama del humor» y «la Chaplin con faldas».​
Marshall se retiró del cine en 1980 después de filmar ¡Qué linda es mi familia! junto a Luis Sandrini, aunque en 1985 publicó sus memorias y continuó trabajando esporádicamente en televisión hasta 1988. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por los homenajes,entre los que destacan haber sido declarada «Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires» en 1989 y merecedora del premio Podestá a la Trayectoria en 1992. Al momento de su muerte en 1996, Marshall era considerada una de las figuras del espectáculo más importantes y reconocidas de la Argentina. En la actualidad, un teatro en Tigre y una calle de Puerto Madero llevan su nombre a modo de reconocimiento
Francisco Álvarez fue un actor de cine y teatro que nació en Buenos Aires, el 26 de julio de 1892 y falleció en Lanús, provincia de Buenos Aires, el 21 de abril de 1960.
Inició su carrera en teatro, circo y espectáculos revisteriles. Se consagró en 1937, cuando ganó el Premio al Mejor Actor por su papel en Lo que le pasó a Reynoso. Protagonizó algunos filmes como Los hijos artificiales y La importancia de ser ladrón. En el cine desde que debutó en La sangre de las guitarras (1937) hasta Patricia mía (1961) que fue estrenada luego de su fallecimiento. Fue señalada sus actuaciones en el filme que dirigió Luis César Amadori en 1940 Hay que educar a Niní en la que actuó con Niní Marshall y su muy festejada personificación de un abogado que para evitar un divorcio encuentra a una sosías de su hija y arma un enredo en Soñar no cuesta nada (1941) del mismo director. Compuso un personaje cómico en El tercer beso, de 1942 también de Amadori. En la década del 50 filmó en Venezuela "Yo quiero una mujer así" (1951) junto con Olga Zubarry, siendo esta película el debut como director de Juan Carlos Thorry, para luego continuar su carrera en películas dirigidas por Enrique Carreras. En el teatro la trayectoria de Francisco Álvarez estuvo en la línea cómico-sentimental en sainetes o comedias asaineteadas. Se incorporó en la década del '30 a la compañía Muiño-Alippi y posteriormente trabajó en muchas obras cómicas en otras compañías, recordándosele por su actuación en 1949 en la obra ¡Adiós...plata mía! de Tito Insausti y Arnaldo Malfatti que protagonizó con gran éxito en el teatro Astral junto a Diana Maggi y Olinda Bozán.​ En 1952 trabajó con Leonor Rinaldi en el Teatro Cómico en la obra Viuda fiera y avivata busca soltero con plata de Germán Ziclis y en 1953 protagonizó con Pepita Muñoz con gran éxito de público en el mismo teatro, la obra del mismo autor Casarse con una viuda, que cosa más peliaguda

lunes, 14 de agosto de 2017

2do.FESTIVAL NACIONAL DE TANGO ITINERANTE “DISCEPOLÍN” EN PUNTA ALTA


El Festival Nacional de Tango Itinerante DISCEPOLIN, dirigido por el productor cultural José Valle, se desarrollará en distintas ciudades de nuestro país y tendrá como misión difundir el tango en todas sus expresiones, como así también difundir la vida y obra del gran ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO. 
Los distintos eventos contemplan conferencias, debates, proyección de documentales y películas, presentaciones de libros, milongas, shows, espectáculos educativos de entretenimiento para chicos y reconocimientos a personalidades de la cultura nacional y popular.
La programación de cada edición se nutre de artistas invitados y locales para realzar la esencia y los valores culturales de la ciudad anfitriona. En todos los casos se realizan actividades varias para incluir públicos diferentes.
Gaby
El primer festival se desarrolló del 8 al 10 de enero de 2016 en la ciudad bonaerense de Villa Gesell .
Viernes 18 de agosto a las 18hs en el auditorio de la Cooperativa obrera de calle Brown 128 1er piso .Palabras del director del Festival Jose Valle y de integrantes del circulo Monteagudo
Proyección de la película “El Hincha” de Manuel Romero, con guion del propio Romero, Julio Porter y el conocido autor de tangos Enrique Santos Discépolo, quien es también el protagonista. Fue estrenada el 13 de abril de 1951, en el cine Ocean de Buenos Aires y fue el último trabajo cinematográfico del actor, autor y compositor de tangos.Sabado 19 de agosto a las 19 hs en el auditorio de la Cooperativa obrera de calle Brown 128 1er piso , Charla sobre la vida y obra de Enrique Santos Discepolo a cargo de Olga Gil y 
José Valle, y show musical con la cancionista Gaby "la voz sensual del tango", Juan Carlos Deambrosi y artistas locales.
Habrá exposición de monedas antiguas del coleccionista Juan Cruz Rodríguez, miembro del Centro Numismático Bahiense

José “Pepe” Basso

José Basso fue una pianista para respetar al frente de una orquesta para disfrutar. Por allí pasaron Floreal Ruiz, Francisco Fiorentino, Jorge Durán, Oscar Ferrari y el gran Alfredo Belusi. Uno de sus fueyes fue de Eduardo Rovira; Hugo Baralis estuvo presente con su violín; en el chello contó con la presencia de Leopoldo Marafiotti.
Fue una orquesta notable la que constituyó José “Pepe” Basso en 1947 y que, con las variaciones del caso, mantuvo durante décadas convocando multitudes en los clubes, brindando funciones en los elegantes locales nocturnos de la ciudad, realizando verdaderos conciertos en la radio y, a la llegada de la televisión, conquistando a la platea con el ritmo de su orquesta y ese toque suyo de tocar el piano de pie, una marca tan registrada como la de D’Arienzo haciendo su show saltarín en el escenario o Aníbal Troilo dormitando sus solos de bandoneón a la luz de un faro azul.
Con Troilo, precisamente, Basso rindió las asignaturas necesarias para iniciarse con orquesta propia. Entró a la orquesta de Pichuco por la puerta grande, en reemplazo de una de las celebridades de entonces, Orlando Goñi, el “Pulpo”. Fue en septiembre de 1943, y antes de fin de mes grabó su primer disco. Fue “Farol”, el tema de Homero Expósito.
Cuatro años el piano de Basso estuvo con Troilo, donde quedaron grabadas como testimonio, 88 temas. En 1947, consideró que el derecho de piso estaba pagado y se decidió a dirigir su propia orquesta. Su lugar fue ocupado por Carlos Figari, un buen pianista para reemplazar a otro buen pianista. Troilo en esos temas nunca se equivocaba.
José Basso nació en la ciudad de Pergamino el 30 de enero de 1919. Sus padres lo alentaron para que estudiara Ingeniería, pero al poco tiempo dejó la facultad por el tango. Dicen que le gustaba el fútbol y reunía condiciones para ello. En algún momento -se afirma- jugó en la primera de Boca, pero lo seguro es que dejó la pelota por el piano.
Al piano, en realidad, lo aprendió a tocar de pibe y no había dejado los pantalones cortos cuando ya estaba entreverado en los escenarios. A los diecisiete años integraba la orquesta de Emilio y José de Caro. Poco tiempo después lo vemos en el trío en el que participan también Gallardo y Ayala.
Como los grandes músicos de su tiempo, Basso fue cumpliendo con todos los requisitos exigidos en el exigente ambiente del tango. Uno de ellos, formarse al lado de los mejores. Es así como probó su valía con las orquestas de Francisco Grillo, José Tinelli, Antonio Bonavena y Anselmo Aieta. Para esa época, conoce a Alberto Soifer, el director de la orquesta estable de uno de los míticos programas de tango de la década del cuarenta: “Ronda de ases”. Fue un curso acelerado de calidad musical y relaciones públicas. Por allí pasaban las grandes orquestas de esos años: Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese, Osvaldo Fresedo, Ricardo Tanturi, Ángel D’Agostino, Edgardo Donato y Juan D’Arienzo. Es en ocasión de esas sesiones de alta calidad tanguera cuando Troilo “le pone el ojo” al piano de Basso.
Cuando funda su orquesta todavía no tenia treinta años, pero ya era todo un maestro. Éstos son los músicos que estuvieron presentes en la noche de gala del Ocean Dancing de Leandro Alem. En la línea de bandoneones estaban Julio Ahumada, Eduardo Rovira, Adolfo Francia y Andrés Natale. Con los violines se destacaban Mauricio Musé, Francisco Oréfice, Francisco Fernández y Domingo Serra. En el violonchelo, Leopoldo Marafiotti y Rafael del Bagno en el contrabajo. Los cantores fueron entonces Ortega del Cerro y Ricardo Ruiz. No estaba mal para plantarse en el universo competitivo y exigente de los años cuarenta.
Con el paso de los años, la orquesta de Basso se transformará en un clásico de la noche tanguera. Las presentaciones de Cacho Fontana contribuirían a ampliar su popularidad. “Basso y sus bassitos”, será la carta de presentación. Sus discos en esos años empiezan a venderse como pan caliente. Sus interpretaciones instrumentales son tan requeridas como sus poemas cantados por los verdaderos astros que desfilaron durante décadas por su orquesta
Horacio Ferrer dirá de la música de Basso: “Su estilo caracterizado por la brillantez sonora, la sucesión de solos encadenados y los pasajes de “tuttis” de piano y orquesta de división rítmica muy peculiar con broches invariablemente ralentados que esquematizaron un tanto sus versiones”.
Por su parte, Luis Adolfo Sierra considera que “José Basso mantuvo siempre una ponderada línea de equilibrio entre las exigencias de las formas esencialmente bailables y los atractivos estéticos de las orquestas modernas con cierta elasticidad en las licencias rítmicas. Se trata de una orquesta con brillantez sonora inconfundible muy propensa a los “rubattos” y a los ralentados, acentuados generalmente a través de vigorosos y llamativos forttísimos.
Basso se dio el lujo no sólo de interpretar temas de Piazzolla, sino de hacerlos bailables sin degradarlos. Es el caso de “Adiós Nonino”, “Contratiempo”, “Prepárense” o “Triunfal”. También se dio le lujo de musicalizar dos poemas de Jorge Luis Borges: “Milonga para Albornoz” y “Milonga para los orientales”.
En la década del cuarenta, y cuando el tango inició un período de declinación, la orquesta de Basso mantuvo intacta su popularidad. En el Café Marzotto de calle Corrientes, en la confitería “Ruca”, en Radio Belgrano, en el Sans Souci y en Ocean Dancing, podía disfrutarse de sus tangos, mientras que no hubo pista de baile en Buenos Aires que no gozara de su música bailable.
A todo esto, Ortega del Cerro fue reemplazado por Francisco Fiorentino y en 1949 graban su primer disco para el sello Rca-Víctor. Fiorentino canta “Mi noche triste” y Ricardo Ruiz interpreta “Sentimiento gaucho”. Completan esta grabación, que no salió a la venta, “Dos que se aman” y “Se han sentado las carretas”. Sí llega al publico la placa en la que Ruiz canta “Claveles blancos” y Fiorentino “El bulín de la calle Ayacucho”.
Los cantores de Basso fueron una cosa seria. A Fiorentino lo reemplazó Jorge Durán y a Ruiz, Oscar Ferrari. Después pasaron por allí el Tata Floreal Ruiz, el Negro Belusi, Roberto Florio, Héctor de Rosas, Carlos Romi, Luis Correa, Juan Carlos Godoy, Aníbal Jaulé, Quique Ojeda, y me pueden quedar algunos ases en el tintero.
En 1967, viajó a Japón contratado por un mes y la aceptación fue tanta que se quedó ocho. Para esos años, un hombre del tango y de la noche podía complacerse con su música y sus cantores en el Viejo Almacén, Caño 14 o El Rincón de los Artistas”. Ya para entones, el tango de Juan Canaro y Osvaldo Sosa Cordero, “Ahí va el dulce”, era su clásica carta de presentación.
Los tangos de Floreal Ruiz merecen nombrase: “Por la vuelta”, “Lo han visto con otra”, “Marionetas”, “El Motivo”, son excelentes, pero mi preferido es “Vieja amiga”. Belusi por su parte grabó con él tangazos como “Lo que vos te merecés” y “Sueño malevo”. El tango de Luis Rubistein, “Venganza”, escrito en 1934, fue un clásico de Oscar Ferrari que recién lo grabó en 1974. Su estribillo aún lo puedo citar de memoria: “No me dejes sola, no te vayas mi alma, dame un beso grande esos que das vos; no te quedes muda ni mirés con rabia, no ves que me muero sin perdón de Dios”. Jorge Durán se destacó con “Martirio”, “Tomo y obligo” o “Cuando me entrés a fallar”.
Basso grabó 221 tangos, 10 valses, quince milongas y una canción, además de 86 temas instrumentales. A sus condiciones de pianista y director, le sumó las de compositor. Pertenecen a su autoría, entre otros “Me están sobrando las penas”, “Rosicler” y, “Mundana”.
El 29 de julio de 1990, en el salón Dorado del Teatro Colón, le rinden los merecidos honores. Sin duda que se los había ganado después de medio siglo de hacer buena música. José Hipólito Basso, murió en Buenos Aires el 14 de agosto de 1993.

domingo, 30 de julio de 2017

Yupanqui y Piazzolla 25 AÑOS en Bahía Blanca

Al cumplirse en este año 25 años de la partida de dos imprescindibles de la historia de la música nacional como lo son Atahualpa Yupanqui y Ástor Piazzolla, el próximo sábado 5 de agosto a las 21,30 hs en el Teatro Municipal de Bahía Blanca, se presentará el espectáculo "YUPANQUI Y PIAZZOLLA 25 AÑOS" con un elenco de lujo: las destacadas cancionistas Nora Roca y Gaby "la voz sensual del tango", el virtuoso guitarrista Jorge Vignales, la exquisita concertista de piano Susana Persia y el grupo "Volpe Tango Contemporáneo" dirigido por el afamado pianista, compositor y arreglador Víctor Volpe.
Este concierto repasará lo más destacado de la obra de los dos míticos músicos nacionales.
Bajo producción de José Valle, para el prestigioso “Ciclo cultural Bahía Blanca NO Olvida”.
Atahualpa Yupanqui:Nació el 31 de enero de 1908 en el Campo de la Cruz (de la familia Segoburo, sus tíos abuelos vascos). Era una antigua posta rural, equidistante del pueblo de Colón y del pueblo de Pergamino, al norte de la provincia de Buenos Aires.
. Fue improvisado maestro de escuela, luego tipógrafo, cronista y músico. Jugó tenis, boxeó y se hizo periodista. A los 19 años de edad, compuso su canción «Camino del indio».​ Conoció Jujuy, los valles calchaquíes y el sur de Bolivia.
La cantante Edith Piaf lo invitó a actuar en París el 7 de julio de 1950. Inmediatamente firmó contrato con Chant du Monde, la compañía de grabación que publicó su primer LP en Europa, Minero soy, que obtuvo el primer premio de mejor disco de la academia Charles Cros, que incluía 350 participantes de todos los continentes en el Concurso Internacional de Folclor. Posteriormente, viajó extensamente por Europa.
N. Roca y V. Volpe
Yupanqui alternaba entre sus casas en Buenos Aires y Cerro Colorado (provincia de Córdoba). Durante 1963 y 1964, realizó una gira por Colombia, Japón, Marruecos, Egipto, Israel e Italia. En 1967 realizó una gira por España estableciéndose finalmente en París (Francia). Volvió periódicamente a la Argentina ―en manos de diversas dictaduras―. En 1973, con el regreso de Juan Domingo Perón, apareció en la película Argentinísima II. Pero sus visitas se hicieron menos frecuentes cuando la dictadura cívico-militar (1976-1983) de Jorge Rafael Videla llegó al poder en marzo de 1976.
Con el regreso de la democracia, a mediados de los años ochenta presentó varias obras en el famoso café concert y galería La Capilla, ubicado en Suipacha 842 (Buenos Aires). En 1985 obtuvo el premio Kónex de brillante como mayor figura de la Historia de la música popular argentina.11​ En 1986, el Gobierno de Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 1987 volvió a Argentina para recibir el homenaje de la Universidad Nacional de Tucumán. En 1989 debió internarse en Buenos Aires para superar una dolencia cardíaca, pese a lo cual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. Sin embargo, a los pocos días Yupanqui viajó a París para cumplir con un contrato artístico.
El 14 de noviembre de 1990 falleció en Buenos Aires su esposa Paula Nenette Pepín (1908-1990).
En 1992, Yupanqui volvió a Francia para actuar en la ciudad de Nîmes, donde se indispuso y falleció el 23 de mayo de 1992. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerro Colorado.
Gaby 
Sus composiciones forman parte del repertorio de innumerables artistas, tanto en Argentina como en distintas partes del mundo.
Astor Pantaleón Piazzolla nació en Mar del Plata, Argentina en 1921, vivió gran parte de su niñez con su familia en Nueva York, donde desde muy joven entró en contacto tanto con el jazz como con la música barroca de Bach.
Piazzolla conoció a Carlos Gardel en Manhattan en 1934, al llevarle un presente realizado por su padre. A Gardel le cayó muy bien el joven, y le resultó muy útil para realizar sus compras en la ciudad, ya que el joven conocía muy bien la ciudad, además que dominaba el inglés, idioma que Gardel desconocía totalmente. Al año siguiente el cantor lo invitó a participar en la película que rodaba en esos días, El día que me quieras, como un joven vendedor de diarios.
En 1938 llegó a Buenos Aires, donde, luego de pasar brevemente por varias orquestas, fue incorporado a la del bandoneonista Aníbal Troilo, que se había constituido en 1937 y jugó un papel trascendental en el apogeo del tango en los dos decenios siguientes. Además de bandoneón de fila, Astor fue allí arreglador y ocasional pianista, en apurado reemplazo de Orlando Goñi, tan brillante como incumplidor. Troilo prohijó a Piazzolla.
El ímpetu renovador de Astor comenzó a desplegarse en 1944, cuando abandonó a Troilo para dirigir la orquesta que debía acompañar al cantor Francisco Fiorentino. Aquella fue la extraordinaria conjunción de un vocalista enormemente popular y un músico de talento único.
En 1960 forma la agrupación que definiría su estilo musical definitivamente, que sería la base de agrupaciones posteriores y a la que volvería cada vez que se sentía frustrado por otros proyectos: el Quinteto Nuevo Tango, formado en su primera versión, por Piazzolla en el bandoneón, Jaime Gosis en piano, Simón Bajour en violín, Kicho Díaz en contrabajo y Horacio Malvicino en guitarra eléctrica.
Con esta agrupación daría a conocer Adiós Nonino y todas las composiciones que dieron forma a su estilo y que serían las más recordadas: Las Estaciones (Verano Porteño, Otoño Porteño, Invierno Porteño y Primavera Porteña), La Serie del Ángel (Introducción al ángel, Milonga del ángel, Muerte del ángel y Resurrección del ángel), La Serie del Diablo (Tango diablo, Vayamos al diablo y Romance del diablo), Revirado, Fracanapa, Calambre, Buenos Aires Hora Cero, Decarísimo, Michelangelo ´70 y Fugata, entre otros. Esa última pieza está basada en la obra del compositor alemán Johann Sebastian Bach.
En 1967 empieza su colaboración con el poeta Horacio Ferrer, con quien compuso la operita María de Buenos Aires, que se estrenaría al año siguiente, con la cantante Amelita Baltar. Por otra parte, Piazzolla inicia con Baltar una relación sentimental que durará cinco años.
En 1969, Piazzolla y Ferrer componen la exitosa Balada para un loco, que supondría una popularidad súbita para Piazzolla.
Luego de unos años de recibir premios por sus composiciones y de experimentar con un noneto, en 1972 se presenta por primera vez en el Teatro Colón y comparte escenario con Anibal Trolio y Horacio Salgán. En 1973 graba en Italia Libertango.
El 4 de agosto de 1990, Astor sufrió una trombosis cerebral mientras estaba en París que, lamentablemente, le dejó serias secuelas que no superó. Piazzolla murió en Buenos Aires, el 4 de julio de 1992, a los 71 años.

sábado, 15 de julio de 2017

Hace 117 años nacía Enrique Cadícamo

Ciento diecisiete años atrás llegaba al mundo el hombre que se convirtió en un eximio compositor de letras de tango. Los cantores más importantes de todos los tiempos lo interpretaron.
Cadícamo tenía una sólida formación literaria. Había leído a Verlaine, Baudelaire, Rimbaud y Darío. Conocía la poesía de Lugones, Olivari y Girondo. Leía mucho y bien, y le sobraba talento. Sus versos están incorporados definitivamente al imaginario popular. “Hoy vas a entrar en mi pasado”, no necesita mayores presentaciones. Lo mismo puede decirse de “Vuelvo amargado a la casita de mis viejos”, “Hasta que entonces llegó un argentino y a la francesita la hizo suspirar”, “Un juego de calles se da en diagonal”, “Es la tarde cruel y fría que a mi gris melancolía la trabaja de emoción”, “Pobre mina que entre giles se creyó Mimí Pinsón”, “Más para qué vamos a hablar de cosas viejas si vos has perdido muñeca el corazón”, “Ninguna escena ningún llanto, simplemente fue un adiós inteligente entre los dos”.
Cadicamo incorpora las preguntas sin respuestas o sin respuestas aparentes: “¿Dónde estarán Traverso, el Cordobés y el Noy, el Pardo Augusto, Flores y el Morocho Aldao?” o “¿Dónde andarás Puente Alsina, dónde andarás Balmaceda...?” o “¿Qué habrá sido de esa barra...”? Y, tal vez, uno de los poemas bajo signo de interrogación más lindo de su obra. Me refiero a una estrofa de “La novia ausente” : “¿Qué duendes lograron lo que ya no existe? ¿Qué mano huesuda fue hilando mis manos?”. Y ese final de conmovedora belleza: “¿Y qué mano altiva me ha hecho tan triste, triste como el eco de las catedrales?”.
Según sus propias declaraciones, Cadícamo no se tomaba muy en serio su labor de poeta. Decía que muchos tangos los había escrito en un rato y que si se hubiera demorado más los habría arruinado. Con todo respeto, no le creo. Es verdad que la poesía popular tiene sus reglas y sus exigencias que a veces conspiran contra la creación poética, pero en Cadícamo hay poesía. O hay como decía el famoso jingle publicitario del “Glostora tango club” : “Gotitas, muy poquititas gotitas de Glostora para un peinado brilllante todo el día”. Esa gotitas de poesía alcanzaban y sobraban para improvisar tangos perdurables.
“Garúa por ejemplo tiene un verso notable. “Corazón vencido con tristeza de tapera”. Cualquier improvisado no escribe “Nieblas del Riachuelo “, “Nostalgias” “ Rubí”, “Rondando tu esquina”, “La luz de un fósforo”. Algo parecido puede decirse, por supuesto, de “Los mareados” y ese gran tango, que Charlo estrenó con su habitual inspiración, que se llama “Ave de paso”
Los tangos picarescos, burlones también son importantes como muy bien lo sabía la Negra Bozán: “Che Bartolo”, “El que atrasó el reloj” o “Dos en uno”. “Al mundo le falta un tornillo”, compite con “Cambalache”. Capítulo aparte merecen aquellas composiciones que aluden a la noche, al cabaret y a las prostitutas, un ambiente en donde Cadícamo siempre se sintió cómodo. Me refiero a “Muñeca brava”, “ Che papusa oí”, “Callejera”, “Santa Milonguita”, “Pompas de jabón”. O “Palais de Glace” interpretado por Ángel Vargas como sólo él sabía hacerlo. En la misma línea, el “Ruiseñor de las calles porteñas” incluye “Tres esquinas”, “A pan y agua”, “A quién le puede importar” o “El aristócrata”, conocido antes de la censura como “Shusetha”.
Julio Sosa se lució con “Madame Ivonne” y “Che papusa oí”. Y con ese otro tango que relata una historia perfecta entre hombres: “Pa mi es igual”. Goyeneche interpretó para la historia de todos los tiempos “Los mareados “, y “Garúa”, por mencionar sólo a los que más me gustan. Edmundo Rivero incluyó a “Muñeca brava”, Héctor Pacheco a “Nostalgias”, “Rondando tu esquina” y “La casita de mis viejos”. Alberto Marino a “Tres amigos”, Rubén Juárez a “Cuando tallan los recuerdos”. Por su parte, Floreal Ruiz cantó “Por la vuelta” y Francisco Fiorentino “Pa que bailen los muchachos” .
Cadícamo vivió casi un siglo y estuvo lúcido hasta el final. Recibió todos los honores en vida pero, como se dice en estos casos, nunca se los creyó. No era simpático ni complaciente. Era un duro salido de alguna letra de tango o de alguna novela de Raymond Chandler. Hablaba poco y se reía menos. Sus anécdotas de un Buenos Aires que se fue recorrida por hombres y mujeres que ya no estaban eran sabrosas y ocurrentes. Como Bustor Keaton se divertía él y divertía los oyentes sin reírse. Estaba convencido de la muerte del tango, por lo menos de los poemas tangueros. Consideraba que ellos respondían a un irrepetible clima de época. “El tango ya se quedó -decía-. es imposible hablar de un tango que venga”. No estaba del todo equivocado, pero me hubiera gustado discutírselo.

viernes, 7 de julio de 2017

Charlo hoy cumpliría 111 años

Nació un 6 de julio de 1906 en la estancia familiar "El Avestruz", entre las estaciones ferroviarias Guatraché y Avestruces de la localidad de Puán, en la provincia de Buenos Aires. En Puán asistió a la escuela primaria al mismo tiempo que realizaba sus estudios de solfeo y piano en el Conservatorio Santa Cecilia, teniendo como maestro al Sr. Alejandro Leone.
Una vez terminados los estudios primarios fue enviado a un internado de La Plata para cursar el colegio secundario, y en 1922 la familia se instaló en el barrio porteño de Belgrano.
Perfeccionó sus estudios de piano, armonía, contrapunto y composición en el conservatorio de Rafael Ortega y posteriormente en el de Orestes Castronuovo. "... lo primero que toqué fue el violín, de oído; después la guitarra, y chapurreaba el piano. Yo lo que quería era tocar el piano, pero lo maltrataba. Por eso me hicieron estudiar... " (Charlo, en un reportaje).
Durante una fiesta de fin de curso realizada en 1924 en el cine General Belgrano de la Av. Cabildo, tuvo la tarea de acompañar en piano a los diferentes cantantes de la gala, e incluso se animó fuera del programa, a cantar. En dicha fiesta se encontraban presentes el Ing. Enrique Del Ponte y el Sr. De Bari, ambos dueños de Radio Cultura, quienes impresionados por su carisma y calidad de pianista, decidieron invitarlo a participar en la emisora, que era la más escuchada en ese entonces, por los pocos poseedores de aparatos a galena. El Ing. Enrique del Ponte fue quién le sugirió el seudónimo artístico Charlo, derivado de Charles (Carlos), ya que los oyentes no podrían retener lo extenso de sus nombres y apellidos. Al poco tiempo Charlo se convirtió en el cantor y pianista figura de Radio Cultura. "Y en un fin de curso, acá en Buenos Aires, se hizo una fiesta en el cine General Belgrano, donde toqué el piano y canté; estaban los dueños de Radio Cultura, un señor De Bari, que era diputado, y un señor Del Ponte. Nos hicieron una invitación a mí y a otros de los muchachos que habían actuado, para visitar la radio. Un día me picó la curiosidad y fui. Toqué el piano y canté. Empezaron a llamar por teléfono. El caso es que me vinieron a buscar para actuar y grabar. Ahí empezó mi carrera." (Charlo, en el mismo reportaje).
Su elegante presencia junto a un registro de voz barítono, con tendencia a tenor en sus inicios, y su virtuosismo en la música le abrieron camino a una meteórica carrera artística.
En el año 1925 un vecino de San Cristóbal llamado Américo Fazzari, a la sazón de inspector municipal de teatros, lo conectó con el empresario Alberto J. Ballesteri, quién luego de escucharlo lo contrató como cantor, actor y compositor de uno de los cuadros de una revista musical en el teatro "Comedia" de la calle Carlos Pellegrini. En esa revista estrenó su tango «"Pinta brava"» con letra de Mario Battistella y su fox-trot «"Pim...pum, rataplán"». "En el teatro Comedia, que ya no existe, sin saber que era una primera figura, lo fui, actuando como actor, cantor y autor. Ahí estrené mis dos primeros temas como compositor”. ”El fox-trot era el único tema de la obra que se bisaba. Allí tuve mi primera frustración; yo anhelaba que se bisara el tango, pero lo que hacía furor era el fox. Lo escuchaba tanto que le tomé fastidio y lo castigué: nunca lo edité." (Charlo, en el mismo reportaje).
En ese momento no actuaba ni en radio ni en teatro pero grababa discos para el sello "Electra". El señor Améndola, tío de Juan D´Arienzo, era el dueño de esa grabadora, donde quedaron registrados veinte temas, entre ellos cuatro con letra y música del propio Charlo, acompañado en guitarras por Vicente Spina y Miguel Correa. En ese mismo año es contratado por "RCA Victor", y en su primer disco dejó registrados dos tangos suyos: con letra de Celedonio Flores, «Costurerita», con letra de Francisco Brancatti «Pobre varón».
A partir de 1927, ya abandonada su carrera de abogado, debutó como galán cantor en las famosas revistas, género muy en boga por aquel entonces. Esas obras estaban escritas y dirigidas por tres grandes del teatro y del tango: Manuel Romero, Ivo Pelay y Luis Bayón Herrera.
Mientras se desarrollaba la temporada, fue a buscarlo el representante Miguel Bucino, quien le informó que Francisco Canaro quería grabar con él en el sello "Disco Nacional Odeón", dado que Charlo se había desvinculado de la casa "Víctor" y ya había grabado para "Odeón" con la orquesta de Roberto Firpo, aunque esos discos nunca salieron a la venta. La propuesta de Canaro, quien –según Charlo– fue a verlo para que reemplazara Roberto Díaz, como estribillista de su orquesta, fue que le pagarían treinta pesos por cada estribillo cantado, y su nombre no figuraría en las etiquetas, tal como era costumbre hasta los primeros años de la década del '40. Recién cuando se reeditaron esas grabaciones en formatos distintos a los discos de 78 RPM, pudo rescatarse en algunos casos los nombres de los estribillistas. Lo primero que grabó con Canaro fue el célebre vals «Ramona», y el tango «Lindo tipo de varón». Charlo también realizó grabaciones con la orquesta de Francisco Lomuto, que era artista del mismo sello. Su producción discográfica llega a mil cien registros.
En su faceta como compositor a lo largo de su carrera, Charlo produjo un caudaloso repertorio de canciones que marcaron la década de 1930.
Se inició con un estilo completamente gardeliano (escúchese, por ejemplo, su grabación de «Las vueltas de la vida», de 1928), del que fue desprendiéndose para llegar a un estilo propio. Era además ejecutante de piano, acordeón, violín y guitarra, y compositor que a veces escribió también sus propias letras. "Muchas cosas tenía para escuchar, lógicamente a Gardel. Y era caer en una huella muy trillada (..)" (Charlo, en el mismo reportaje).
Como aditamento a su figura como cantor, actor y compositor, su afinidad por la moda lo convirtieron en un paradigma de la moda masculina de la década de 1930: la moda Charlo marcó tendencia. La misma incluía lucir moño mariposa, sombrero con guantes de cuero, chaqueta cazadora, boquilla de oro para los cigarrillos. Este fenómeno no sólo incrementó su fama, sino que contribuyó al avance del tango de salón en la sociedad porteña.

Gracias a la difusión de sus discos su voz se hizo muy popular en toda América, especialmente en los países limítrofes. Esto le abrió las puertas al exterior, y supo aprovecharlo. En 1932 viajo por primera vez a Uruguay, contratado el empresario por la Casa "Max Gluscksmann" para inaugurar el cine "Rex" de Montevideo. De allí en más Uruguay fue permanentemente visitada por Charlo, así como el Teatro Solís y la Radio Sarandí, siempre lo tuvieron de invitado. En 1935 viaja a Río de Janeiro para una actuación en el Casino donde compuso sobre los versos de Cadicamo su tango «Ave de Paso». También se presentó en la radio Marinki Veiga de Río de Janeiro. Su primera gira importante comenzó en 1938, actuando con suceso en Chile. "Esta es tu oportunidad, vestite y cantá como sabés, y vas a ver que vas a matar", le había pronosticado su mánager José Razzano, y tuvo razón. Actuó luego en Bolivia, Venezuela, Panamá, Cuba y los Estados Unidos. Principalmente en La Habana, Caracas y en Lima su éxito fue tal que lo catapultó a la fama, consagrándolo como sucesor de Gardel. En sucesivas giras siguió ampliando su éxito. En Brasil, como en los países anteriormente citados, entonó tangos, boleros y folklore. En 1955 se instala en Lisboa, Portugal. Su espectáculo "Estampas de Hispanoamérica" tuvo gran suceso en la televisión local, en el Casino Estoril. También actuó el Hotel Embajador y el la célebre boite de entonces Bico Dourado. Luego visitó España y de allí pasó a actuar en Francia y Bélgica, y por último, en 1956, visitó Colombia, donde fue recibido con gran suceso no sólo el músico y cantor de tangos, sino un Charlo universal intérprete de ritmos melódicos y tropicales. En esa gira compuso unos de los últimos éxitos: su «"Tango en Colombia"».
En 1945 Charlo estuvo al borde de la muerte, el avión trimotor con el que había iniciado su gira debió hacer un aterrizaje forzoso. Junto a él se encontraban los tres guitarristas Olmedo, Arana y Torres. Todos ellos regresaban, luego de tres años de gira, a Argentina desde Acapulco, sin embargo en la frontera entre Brasil y Venezuela el trimotor prácticamente quedó sin combustible; sólo tenían bencina para una hora de vuelo. El piloto debió hacer un aterrizaje de emergencia en el Río Negro, un afluente del Amazonas. Se perdieron los equipajes, alhajas y guitarras, pero lograron salir con vida.
Charlo compuso música que versificaron los más importantes poetas de su tiempo como Luis César Amadori, José González Castillo, José María Contursi, Esteban Celedonio Flores, Cátulo Castillo, Francisco Bohigas, Homero Manzi, Enrique Cadícamo, y algunos de la generación anterior como José Gonzalez Castillo, para el tema "El viejo vals"
Entre sus últimas actuaciones se pueden destacar la realizada ante el público de Buenos Aires en 1973, con la orquesta de Osvaldo Requena. Interpretó dieciséis obras suyas conocidas, y dos estrenos: «Tango de la ausencia» y «Diquero».Posteriormente, en julio de 1986, actuó invitado por la Secretaría de Cultura de la Nación, en el teatro San Martín para el ciclo Voces. La gala tuvo como anfitrión al periodista y escritor Mariano Montes. En aquella actuación estrenó el tango orquestal «Cielo Pampa», uno de sus últimos tangos dedicado a su tierra de origen. Por otra parte, hasta pocos años de su fallecimiento Charlo actuó en café concerts acompañado por el maestro Virgilio Expósito.
Incursionó en un medio tan difícil como el cine, rodeado de primeras figuras y sin desentonar. Sus dotes de galán y sus condiciones físicas le permitieron hacerlo con holgura. En 1935, con Mario Soffici, participa en El alma del bandoneón, donde luce sus cualidades de cantor. En 1936, ahora dirigido por Luis César Amadori y junto a Pepe Arias, la Negra Bozán y Alicia Vignoli, participa en el film Puerto Nuevo. Trabajó también en Carnaval de antaño dirigida por Manuel Romero. En el rodaje de este film, conoció a la que sería su mujer hasta 1969, Sabina Olmos. Los acompañaban además Florencio Parravicini, Sofía Bozán y Enrique Roldán. Actuó también en Los troperos, Los muchachos se divierten, Un sueño y nada más y otras películas, en algunas de las cuales fue protagonista. Además participó en varias filmaciones en España.
Charlo fue un galán de su época, al punto que la prensa lo apodó “el cantor de las mil novias”. En 1952 se casa con Rosa Herminia Gómez, cuyo seudónimo artístico era Sabina Olmos. Los dos se habían conocido en la filmación de la película “Carnaval de Antaño”. En 1955, Sabina Olmos por sus ideas políticas fue prohibida por la dictadura autodenominada Revolución Libertadora que derrocó al presidente Juan Domingo Perón debieron exiliarse, ambos realizaron giras por América y España.2 En la gira de Charlo por Europa en la década de 1950, actuaron juntos en el espectáculo "Estampas de Hispanoamérica" . En 1967 el matrimonio se disolvió.
Durante el año 1977 y 1987 estuvo conviviendo con la Sra. Susana Virginia Álvarez bastante más joven que él, quien fuera hija de una gran músico y escritor amigo el Sr. Alberto Álvarez Romero (El Dúo de Los Hermanos Álvarez) con quien trabajó en la década del setenta para que todos los músicos puedan jubilarse como tales (beneficio obtenido desde entonces y hasta la fecha).
Fue en 1987 cuando Charlo conoció a quien fue su última mujer, la artista plástica, diseñadora de joyas y compositora de tango japonesa Akiko Kawarai. De acuerdo a numerosas publicaciones ambos entablaron primero una comunicación epistolar y finalmente cuando Charlo le envía a Japón un casete diciéndole “Venga a Argentina, sino voy para allá” la Sra. Akiko Kawarai decidió abandonar Japón acompañada de sus seis gatos para vivir el resto de su vida junto Charlo en Argentina. Estuvieron juntos hasta que Carlos José Pérez de la Riestra falleció el 30 de octubre de 1990.
Homenajes y distinciones
Al celebrar sus 50 años con el tango, se lo homenajeó en el Teatro Solís, máximo escenario Montevideano.
En 1985 la Fundación Konex lo consideró como uno de los 5 mejores compositores de tango de la historia en la Argentina, otorgándole el Diploma al Mérito de los Premios Konex.
El 29 de junio de 1990, en un acto realizado en el Salón Dorado del Teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires, y junto a otras cuarenta personalidades, fue distinguido como Académico de Honor por la Academia Nacional del Tango de la República Argentina.
En el año 2013, al cumplirse 108 años de su nacimiento y por iniciativa del productor artístico José Valle, se realizó el tándem denominado "Sin lágrimas" en homenaje a Charlo, una jornada completa, en Puán, con la colocación una obra de arte de estilo fileteada con la imagen del artista (realizada por el reconocido pintor Pedro Araya), una conferencia sobre su vida y obra, y un show de tango encabezado por la cantante Gaby, "la voz sensual del tango". En agosto de ese mismo año, durante el transcurso del XV Festival y Mundial de Tango de la ciudad de Buenos Aires, hubo una jornada completa de homenaje al cantante, y durante el 3.er Festival Nacional de Tango "Carlos Di Sarli" de la ciudad de Bahía Blanca se le recordó con la colocación de una imagen suya en el café y museo histórico de esa localidad del sur argentino.

martes, 4 de julio de 2017

“Tibio está el pañuelo todavía” el musical de Eva Perón en tiempo de Tango en Bahía Blanca


El viernes 7 a las 18 hs en el Auditorio de las UNS (Av. Colón 80),se presentará el multipremiado musical sobre la vida de Eva Perón en tiempo de tango, “Tibio está el pañuelo todavía”,
escrito e interpretado por Gaby, “La voz sensual del tango”, bajo una idea de José Valle, con la participación del pianista Víctor Volpe y los bailarines Natalia Gastaminza y Gustavo Rodríguez.
 Declarado de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación, de Interés Provincial y Legislativo por la Cámara de Senadores bonaerense y de Interés Municipal por el Concejo Deliberante de Bahía Blanca.
 En esta ocasión la entrada consistirá en un litro de leche larga vida para distintos comedores de la ciudad que serán distribuidos por la misma Universidad.
Gaby logra una íntima conexión entre el relato de la vida de Evita y las canciones. Su amplísimo margen expresivo y magnífica voz de ricos matices, se enriquecieron con una faena de maestría actoral poco común en cancionistas de tango.
Gaby da vida a una Eva de carne y hueso que poco a poco, va comprendiendo el momento histórico en el que vive, y nos ofrece también una impecable y aguda reconstrucción de los efectos emocionales que los acontecimientos históricos de esa época tuvieron sobre el pueblo argentino. Es un muy buen musical que sumerge al espectador en los episodios más escondidos de la abanderada de los humildes.