martes, 17 de abril de 2018

Homenaje a Tita Merello y Guillermo Battaglia en Bahía Blanca.

El jueves 19 de abril a las 17hs en “Historia y tango en el cine” del Ciclo cultural Bahía Blanca NO Olvida, se proyectará "Filomena Marturano"en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560) de Bahía Blanca.
Bajo producción de José Valle quien, como de costumbre, presentará la película y a los homenajeados de turno; en este caso Tita Merello y Guillermo Battaglia.
Filomena Marturano es una película argentina en blanco y negro dirigida por Luis Mottura según el guion escrito por Ariel Cortazzo y María Luz Regás basado en la obra teatral homónima de Eduardo De Filippo que se estrenó el 20 de enero de 1950 y que tuvo como actores principales a Tita Merello, Guillermo Battaglia, Gloria Ferrandiz, Alberto de Mendoza y Tito Alonso.
Tita Merello (11 de octubre de 1904, Buenos Aires, Argentina - 24 de diciembre de 2002, Argentina), fue una reconocida actriz y cantante de tango . Considerada por muchos especialistas, la mejor actriz dramática del país, trabajó en Argentina y durante un largo exilio, en México, donde filmó Cinco rostros de mujer, por la cual recibió el premio Ariel. Participó de la época de oro, consagrándose en películas de los años 40 y 50 como Mercado de abasto, Deshonra, La morocha o Filomena Marturano. Con 33 títulos en su haber, ha recibido una gran cantidad de premios. Una de las más grandes estrellas del cine argentino, incursionó en todos los medios: televisión, radio, cine y teatro, donde se destacó. Fue declarada "Ciudadana Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires" a pricipios de los 90.
Guillermo Battaglia fue un actor y director de cine y de teatro y actor de radio y televisión que nació en Buenos Aires el 7 de diciembre de 1899 y falleció en la misma ciudad por un paro cardíaco el 26 de septiembre de 1988. Al morir estaba casado con la actriz Nora Cullen.
En cine protagonizó más de 100 películas. Su versatilidad le permitió encarnar a los más diversos personajes, desde el actor supuestamente ruso Boris Andreieff en la policial La muerte camina en la lluvia o el abuelo en Miss Mary hasta los realizados en comedias como El hombre invisible ataca o Patapúfete. Durante muchos años, además, transmitió su experiencia como docente de actuación.

Floreal Ruiz

 Poseedor de notables cualidades vocales y de gran temperamento, creador de un fraseo inconfundible, sus interpretaciones se caracterizaron por el hondo dramatismo que supo imprimirles. Considerado uno de los mejores cantores de tango, dejó grabadas versiones ejemplares.
Su nacimiento estuvo tutelado por las flores: fue en el barrio porteño de ese nombre y el padre, fervoroso anarquista, quiso que el niño se llamara como el octavo mes, el florido, del calendario revolucionario francés.
Cuentan los biógrafos que el joven Floreal aprendió de don José, que así se llamaba el padre, el oficio de tapicero, y a la vez colaboraba con la frugal economía familiar repartiendo pan y leche.
En cuanto a su faceta artística, despuntó cantando serenatas en el barrio junto con su amigo Piero Fontana, quien años después sería conocido como Hugo del Carril.
Pero el padre se oponía a que iniciara una carrera profesional porque no creía que cantar, y mucho menos tangos, fuera un modo digno de ganarse la vida. Así, Floreal se presentaba a los concursos, frecuentes en la época, usando seudónimos como el de Fabián Conde. (Curiosamente, se trata del nombre del protagonista de El escándalo, una novela de propósito moralizante de Pedro Antonio de Alarcón).
Fue así como, según los biógrafos, en 1936 ganó un concurso radial, lo que le valió ser convocado por José Otero, con cuyo conjunto debutó, ya con su verdadero nombre.
Pocos años después lo encontramos en la orquesta de Alfredo De Angelis, con la que graba ocho tangos, entre ellos Bajo el cono azul, Cómo se muere de amor y su primera versión de Marionetas. Pronto se hicieron conocidos su clara y recia voz de barítono, su temperamento dramático, su fraseo inconfundible; poseía además, como muy pocos elegidos (Gardel el primero), la rara cualidad de crear en el oyente la ilusión de que para él solo estaba cantando.
En 1943, a instancias de Alberto Marino, ingresa a la orquesta de Aníbal Troilo. Bajo la dirección del gran maestro, la voz de Floreal se hace más tersa y adquiere mayor musicalidad; Pichuco le encauza a la vez el instinto dramático, volviéndolo más intenso cuanto más contenido.
Asimismo, Troilo le hace abordar un repertorio exquisito: baste citar, entre otros, los valses Romance de barrio y Flor de lino y los tangos La noche que te fuiste, Yuyo verde y Equipaje; todas esas piezas quedaron unidas para siempre al nombre de Floreal, quien como nadie supo dar vida a sus dolientes protagonistas. Hay que recordar también la magnífica versión, a dúo con Marino, del vals Palomita blanca, que solo admite comparación con la de Gardel.
Es conocida la anécdota de la desvinculación de la orquesta de Troilo para pasar a la de Francisco Rotundo, quien, según cuentan, estaba en condiciones de pagar a sus músicos y cantores mucho más que los otros directores, y le ofreció a Floreal ganar en un mes lo que Troilo le pagaba en un año. Cuentan que el cantor lo conversó con Pichuco, quien, al principio dolido, terminó por comprender y a su vez le preguntó, irónicamente, si Rotundo no andaba buscando también un bandoneonista.
Vale la pena consignar que la orquesta de Rotundo no estaba a la altura de las mejores de la época, y su director no era precisamente un músico brillante. Estaba casado con Juana Larrauri, cancionista no tan conocida por sus dotes vocales como por las políticas: conspicua dirigente peronista, había llegado a ocupar una banca en el Senado.
Durante su permanencia en esa orquesta, el talento de Floreal logra versiones como la de Melenita de oro, insoslayable, o la de Un infierno, tango del propio Rotundo y Reinaldo Yiso, del que el cantor hace una creación, a pesar de la melodía de escaso vuelo y de los versos mediocres.
Por esas cosas de los ciclos políticos en la Argentina, derrocado Perón en 1955, Rotundo disuelve la orquesta, y al año siguiente Floreal pasa a la de José Basso, a quien conocía por haber sido pianista de Troilo.
Floreal está en sus cuarenta años, en la plenitud de sus recursos vocales e interpretativos; muchos coinciden en que con Basso desarrolla la mejor etapa de su carrera. Con el digno y adecuado complemento orquestal que aquel le brinda (dicho sea de paso, Basso merece una revalorización que los especialistas aún le deben), graba unas cuarenta piezas, en su mayoría románticas, de entre las que cabe mencionar, por no citar más que algunas, las siguientes, en las que la ductilidad del cantor expresa una amplísima gama de sentimientos y emociones: la íntima felicidad del reencuentro (Por la vuelta); el lamento por la fugacidad del placer (Después del carnaval); el tierno reclamo amoroso (Un placer, a dúo con Alfredo Belusi, versión antológica); la comprobación de la crueldad del tiempo que pasa (Como dos extraños); la resignación ante el abandono (La reja); el orgullo que se yergue ante la esperanza de amor (Vieja amiga); la compasión y el acompañamiento en la caída (Mundana, tango con música de Basso y Floreal); y, por qué no, las risas del amor triunfante (La fulana).
Por razones conocidas, que no vamos a reiterar aquí, en la década del 60 el tango ya está en baja: las grandes orquestas se disuelven, los músicos se agrupan en pequeños conjuntos, los cantores se desenvuelven como solistas.
Así debió hacerlo también Floreal, alternando las presentaciones en distintos locales con las apariciones por televisión. Junto con otros cantores realiza también giras por distintos países de América latina; dicen que en una de ellas comenzaron a apodarlo El Tata.
Si bien aún era joven, la voz comenzó a opacársele y a perder sonoridad; pero su expresividad buscó constantemente renovar recursos, y sus interpretaciones comenzaron a enriquecerse con facetas inesperadas y novedosas.
Así lo demuestran las grabaciones de esta última etapa, como la muy matizada versión que, acompañado por la orquesta de Osvaldo Requena, realiza de Destellos, o las de su último disco, que contaron con el acompañamiento de la Orquesta Típica Porteña, dirigida por Raúl Garello.
Contiene este trabajo, elaborado en 1977, versiones ejemplares como la de Buenos Aires conoce, entrañable declaración de amor a la ciudad; la de Triste comedia, en la que el cantor describe vívidamente la pugna entre los sentimientos encontrados que abruman al protagonista; y la de Divina. Calificada por muchos como clase magistral de canto, esta interpretación muestra a un Floreal con sus recursos vocales evidentemente disminuidos que consigue, a fuerza de inteligencia y sensibilidad, expresar cabalmente el sentido de este bello tango; nadie antes había logrado plasmar con esa sutileza la mirada indulgente y comprensiva con que un hombre maduro contempla las primeras penas de amor de una joven.
Nunca dejó de cantar. Solo pudo acallarlo la muerte, el 17 de abril de 1978.

martes, 3 de abril de 2018

Karen Arránz y Gaby hacen "POR LA VUELTA" para los 190 años de Bahía Blanca

Dos representativas voces de la canción nacional vuelven a darse cita en el Teatro Municipal en el mes aniversario de la ciudad de Bahía Blanca.
 Y no es en vano, esta ciudad las vio crecer musicalmente y acompañó la trayectoria de ambas desde diferentes géneros nacionales: Karen Arránz abrazando la guitarra y el canto surero desde sus primeros años y Gaby haciendo alarde de tanguera desde pequeña y buscando hacerse un lugar en la cuna del 2x4 desde adolescente.
Se conocieron hace décadas, cuando desde el micrófono de Radio Nacional Bahía Blanca Karen difundía desinteresadamente los primeros demos de la otra morocha. El destino las mantuvo en contacto pero a la distancia hasta que José Valle no tuvo mejor idea que reunirlas para homenajear a Bahía Blanca, que tanto les ha dado, y a la música criolla que llevan en el alma.
En abril de 2017, Karen y Gaby ofrecieron una selección de lo mejor de su repertorio en el Coliseo local y esbozaron algunas notas juntas que dieron un cierre inolvidable a una noche con sello bien argentino. Dicen que las segundas partes nunca son buenas, pero este “Por la vuelta” será una de las excepciones que confirme la regla porque la química entre estas dos talentosas cantantes trasciende el escenario. El tiempo compartido sobre y bajo las tablas las ha hermanado en una lucha común defendiendo la bandera del canto nacional y con fundamento. Vale la pena verlas porque juntas, parafraseando a Benedetti, son mucho más que dos.
La cita es el sábado 7 de abril a las 21,30 hs en el Teatro Municipal. Karen y Gaby serán secundadas por Alejandro Lavigne, Jorge Vignales y la pareja de baile de Natalia y Gustavo. El espectáculo será a beneficio del Centro Luis Braille. La entrada general numerada tendrá un valor de $250, con descuento para jubilados y por venta anticipada

jueves, 8 de marzo de 2018

Vuelve un clásico de la radio: "NOCHE DE KO"

 José Valle Y "Cacho" Fontana
El próximo sábado 10 de marzo vuelve un clásico de la radiofonía: "Noche de KO", desde las 22 hs por AM 1240, Radio Universidad Nacional del Sur.“Noche de KO” es un programa radial con lo mejor del boxeo local, nacional e internacional con la conducción de su creador José Valle. Entrevistas, anécdotas, historias, lo mejor del boxeo de ayer, hoy y siempre acompañado de música ciudadana y nacional.
“Noche de KO” es el único Programa radial especializado en el deporte de los puños de la ciudad de Bahía Blanca, ideado y conducido por uno de los productores más respetados del boxeo argentino que se ha desempeñado durante décadas a la promoción y representación de boxeadores, producción de veladas boxísticas, de programas radiales y edición de revistas y publicaciones del mismo deporte. Esta emisión vio la luz en los años ´90 Radio Nacional Buenos Aires y fue el primero de varios programas temáticos producidos por Valle como: “Perfume de KO” (Radio del Pueblo), “Boxingmania” (Radio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires) y "Un sábado más en Buenos Aires" (Radio El Mundo).
José Valle es autor de los libros “En el naipe del vivir. Historias de Tango, Boxeo y Turf”, “Tambaleando madrugadas” y “Leyendas de pugilandia”, tres relatos riquísimos en anécdotas boxísticas, joyas del género para los amantes del deporte.
 Además produjo charlas como "Historia de dos pasiones: tango y box” con la participación de Osvaldo Príncipi, Julio Ernesto Vila y Oscar Himschoot, fue durante varios años productor de “BOX X EL 9” por Canal 9 de Buenos Aires y productor de contenidos para “Boxeo de Primera” (TyC Sports), editó numerosos artículos en publicaciones especializadas y fue Director de la revista “Noche de KO”, entre otras actividades relacionadas con este apasionante deporte.

sábado, 24 de febrero de 2018

Reportaje a Roberto Rufino, año 1973

A 37 años de su debut profesional, el veterano cantante y autor mantiene incólumes su fama y pasión tangueras. En vísperas de presentar su último longplay, evoca sus comienzos y define su personal, inconfundible estilo.Cuando aparezca el próximo long-play de Roberto Rufino (52, tres hijos) se habrá consumado una hazaña casi sin precedentes en la música popular argentina: un cantor de tangos que desde hace 37 años se mantiene en los primeros puestos del ranking de su especialidad. Claro que en la dilatada carrera de RR se produjeron altibajos, frustraciones y períodos oscuros; pero una y otra vez logró superar esas caídas, reconquistando con creces su sitial en el panorama tanguístico nacional. Tal vez el secreto de Rufino sea su decisión de desdeñar la adopción de un estilo definido y rígido, para darle a cada interpretación un sabor propio. Esa circunstancia, unida el hecho de que en su repertorio intercaló siempre los éxitos tradicionales del compás porteño con las más modernas creaciones de la especialidad, le permitió adaptarse al gusto popular con el correr de los años. De esa manera, el próximo disco permitirá a los fanáticos del 2x4 comparar las primeras grabaciones de RR en 1935 con las actuales, pudiendo establecer diferencias concretas entre el tango de antaño y el de 1973, que al decir del veterano cantor, "no ha muerto ni mucho menos".
Esa superposición de estilos —siempre en tono romántico— de que hace gala Rufino parece también haber ganado su vida cotidiana. Así, el lujoso chalet en el que vive, en la coqueta localidad bonaerense de Acassuso exhibe un curioso cartel: Disneylandia, reza. Sucede que allí funciona un centro de recreación infantil, guardería, natatorio y colonia de vacaciones, que Rufino regentea junto con su mujer. Debido a esa razón, la entrevista que el veterano cantante mantuvo la semana pasada con Siete Días tuvo un desarrollo muy peculiar: debía ser interrumpida frecuentemente ante la irrupción de bulliciosos grupos de niños. De esa manera, no extrañó que las primeras palabras de Rufino fueran referidas, precisamente, a su niñez.
—Desde muy chico me gustó el tango. En realidad toda mi vida estuve mezclado con la música de Buenos Aires. Por eso, a mi familia no le pareció raro que yo debutara como cantor profesional a los 14 años. ¡Usaba pantalones cortos!
—¿Cómo fue su debut profesional?
—Empecé cantando en el café Nacional y en Radio Mitre, con el maestro Francisco de Rosel. El Nacional era un café típico del Buenos Aires de la década del 30. Estaba en la calle Corrientes casi esquina Carlos Pellegrini. Era angosto y largo como la calle. Mi primer tango como profesional fue Milonguero viejo, que en aquella época se cantaba y hoy ya no. La letra decía: "linda pebeta de mi sueño en tango llorón..." y no me acuerdo más. ¡Cuánto hace que no lo canto!
—En una carrera tan larga debe haber conocido a todos los grandes maestros del tango...
—¡Uff! Actué con todos, absolutamente todos. Hasta con el tío de Ringo Bonavena, don Antonio Bonavena, en el famoso Petit Salón, que estaba en Montevideo y Corrientes. Actué con Pichuco Troilo, Francini y Pontier, Carlos Di Sarli, qué sé yo, canté con todo el país...
—¿Lo conoció a Gardel?
—No, no tuve esa suerte aunque nací en la zona del mercado de Abasto en Agüero y Zelaya, cerca de la casa de él. Después fui amigo de Armando Delfino, su apoderado. Un día, estaba actuando en un teatro, se me acerca y me dice: "Roberto, te quiere conocer la madre de Gardel". Entonces lo acompañé y la conocí.
—¿Cuál fue su mejor época?
—Sin duda, los cinco años que pasé con el maestro Di Sarli. Calcule que él me contrató cuando yo recién empezaba y todavía usaba pantalones cortos. A veces, cuando me daba vergüenza, le robaba un traje a mi hermano, de pantalones largos, gris a rayitas. Así anduve un tiempo, hasta que el maestro Di Sarli me compró mi primer traje en Los 49 Auténticos.
—¿Y no había problemas en que actuara un chico de pantalones cortos en confiterías?
—Cuando actuaba de noche, sí. Yo, para disimular, trataba de cantar medio escondido detrás del piano. Pero una vez, en la boîte Moulin Rouge, tocaron los dos timbrazos que indicaban que había llegado la taquería. Entonces, Di Sarli me tiró un sobretodo largo, que me llegaba hasta los pies y me hizo salir por una puerta de atrás. Después de eso, no actué de noche hasta que me compraron el traje con los pantalones largos.
—Usted habla de actuaciones nocturnas. ¿Las orquestas de tango ofrecían funciones durante las horas del día en aquella época?
—¡Claro! Antes el tango era cosa seria. Empezaba en el café Nacional a las 9 de la mañana y terminaba recién a la madrugada.
—De todas las cosas que se fueron perdiendo con el correr del tiempo en la vida de la ciudad, ¿cuál es la que usted más siente?
—Sin duda, la gran cantidad de clubes y bares que han cerrado sus puertas, especialmente los de la calle Corrientes. Aquellos locales, además de un reducto del buen tango, constituían una fuente segura de trabajo para muchos compañeros.
—¿Y el público varió de una época a otra?
—Yo me acuerdo de algunas actuaciones mías, por ejemplo en la audición radial Ronda de Ases, o los bailes de Marabú, que tenían un público numeroso y entusiasmado. En aquel momento actuaban casi simultáneamente duplas sensacionales, como la de Pichuco con Florentino, D'Agostino con Angelito Vargas, D'Arienzo con Alberto Echagüe y Di Sarli conmigo. Ahora hay menos público y un poco distinto. Algo menos de fervor. Aunque, en mis últimas actuaciones en un boliche, Cheyenne, de Martínez, el público me hizo acordar un poco al de antes. Creo que hay una especie de resurgir del tango.
—Usted nombró unos cuantos valores del pasado, ¿no surgen nuevos, de recambio?
—Sí, en la última hornada están Néstor Fabián, Alberto Marino y Marina Dorell, por ejemplo.
—¿Le gustaba más el tango de antes que el de ahora?
—Mire, a mí me gusta llegar al público. A veces, el público quiere el tango de antes, pero hay muchos temas nuevos que también llegan a la gente. Yo también voy a cantar esos nuevos temas. Tampoco hago distingos entre mi profesión de cantor y la de autor de temas. En los dos aspectos y a lo largo de mi carrera, lo que siempre me interesó fue estar en contacto con el público. Y fíjese que eso lo logré antes de ser profesional y cuando era un adolescente. En 37 años de actividad creo que logré bastantes cosas.
—¿Cómo fue su carrera de autor?
—Empecé a escribir temas después de unos 10 años de actuación como cantor, y esa actividad terminó siendo una de mis labores más trascendentes. Tuve muchos grandes éxitos y no me acuerdo ni del número de ellos ni de la mayoría de sus nombres. Le podría citar, por ejemplo, El clavelito, Déjame vivir mi vida, Manos adoradas, Soñemos, Calla, En el lago azul, Cómo nos cambia la vida, Romance del pueblo, El bazar de los juguetes, qué sé yo, un montón. Hasta hice varios boleros. Uno de ellos, La Luna y el Sol, de 1950, tuvo 199 grabaciones en todo el mundo. Fue un gran éxito internacional. En realidad, tengo que agradecer a todas las orquestas y a todos los cantores que constantemente me piden temas para interpretar.
—¿Está conforme con su trayectoria?
—Yo no estoy nunca conforme con lo que hago. Siempre trato de mejorarlo. De no haber sido por esa actitud de permanente crítica, posiblemente mi carrera no habría durado ni la décima parte de lo que duró.
—¿Cuáles fueron sus mejores éxitos a lo largo de su carrera?
—Curiosamente, los tangos que a mí más me gustaron y que más fueron pedidos por el público, por una serie de imponderables nunca los grabé. Ellos son Cambalache, Alma de bandoneón y Buenos Aires. También me gustó mucho A la luz de un candil, pero ése lo grabé varias veces.
—¿Cuál es su verdadero estilo?
—iMás bien romántico. Creo que debo ser el último romántico del tango.
—¿Y en la vida privada también así romántico?
—¡Mucho más!
Fuente:Revista Siete Días Ilustrados15.10.1973

jueves, 8 de febrero de 2018

Osvaldo Berlingieri

Nació el 20 de febrero de 1928. Pianista, director y compositor. Comenzó como pianista de la orquesta de Héctor Maure. Continuó en las de Domingo Federico, Edgardo Donato y Roberto Caló. Acompañó a Raúl Iriarte en su gira por Centroamérica. Luego se incorporó a la orquesta de Aníbal Troilo (1957). En forma paralela integró el trío Los modernos y el cuarteto Los notables del Tango (1959). En 1967 el trío formado dos años antes junto a Ernesto Baffa (PK) (bandoneón) y Fernando Cabarcos (contrabajo) se convierte en la Orquesta Baffa-Berlingieri (PK), acompañante de Roberto Goyeneche (PK) a fines de esa década. También fue colaborador de Héctor Stamponi (PK) en las grabaciones de Edmundo Rivero (PK), compartió un trío con Leopoldo Federico (PK) y, en 1989, editó con su propia orquesta el álbum Identificación. Sus obras son tocadas por orquestas de distintos lugares del mundo. Entre sus composiciones se destacan los instrumentales: Siempre otoño, A mis viejos, Contacto en Buenos Aires y Tiempo imaginario
Osvaldo Berlingieri fue un músico reconocido por sus cualidades artísticas que junto a un sector de admiradores y seguidores de un estilo y virtuosismo que lo ubican en la escuela pianística inaugurada por Osmar Maderna y continuada por Horacio Salgán. Tiene también otro sector que opinan que no tiene el yeite ​ tanguero y de utilizar formas jazzísticas que desnaturalizan al género.
Falleció el 8 febrero 2015

LA HISTORIA DEL FINAL DE JORGE CAFRUNE

La madrugada del 31 de enero de 1978, cuando marchaba a caballo rumbo a Yapeyú para depositar un cofre con tierra de Bolougne Sur Mer en homenaje al general Jose de San Martín, el folklorista Jorge Cafrune fue atropellado por una camioneta. Quedó demasiadas horas tirado en la ruta con las costillas incrustadas en los pulmones, y al día siguiente falleció. A la camioneta y a su conductor se los tragó la noche: sólo pudo saberse un nombre –Héctor– susurrado por los habitantes de Benavídez.
Por entonces Yamila, la hija mayor del legendario creador de Zamba de mi esperanza, tenía 12 años. A los 18 decidiría seguir la carrera de abogacía. “Siempre sostuve la idea de que es posible hacer justicia hablando con la verdad, pero desde que pasó lo de mi papi supe lo que es empezar por casa”, dice Yamila. “Hasta el ‘83 fue imposible averiguar nada. Ese año empecé la facultad, y con mi madre y mis hermanas intentamos por todos los medios encontrar algún otro dato. Pero la investigación llegó a un punto muerto”.
Sin embargo, dice Yamila, hay numerosas conjeturas posibles. “Que detrás del accidente estuvo Gendarmería, o la Triple A. Es sabido que López Rega dijo que Cafrune era más peligroso con una guitarra que un ejército con armas. Es sabido que sus discos estaban prohibidos: En Radio Nacional de Córdoba guardan un disco que tiene los temas que no podían pasarse tachados con birome en la tapa y rayados con un clavo adentro. Entre ellos estaba Zamba de mi esperanza. ¿Sabés cuál era la palabra prohibida...? Era la palabra esperanza”.
Hay otros datos, que involucran nombres que Yamila ha preferido no retener en la memoria. Graciela Geuna, sobreviviente del campo clandestino de concentración La Perla, declaró haber escuchado cómo el por entonces teniente primero Carlos Enrique Villanueva dispuso en ese lugar la muerte del folklorista, luego de que éste cantara en Cosquín Luna cautiva, una zamba “no autorizada”. “Esto no deja de ser una conjetura, algo que alguien dice que escuchó”, apunta Yamila en una entrevista con Página/12. “Nosotros preferimos creer que fue un accidente. Llegó un punto en que priorizamos nuestra salud mental. La decisión de la familia es llegar hasta acá”, resume.
Jorge Antonio Cafrune Herrera nació en el seno de una familia argentina jujeña de típicas costumbres gauchescas y antepasados de orígenes árabes, en la que sus abuelos paternos y maternos eran inmigrantes provenientes de Siria y el Líbano. Sus padres fueron José Jorge Cafrune y Matilde Argentina Herrera. Recibió el apodo de "El Turco" tal y como llamaban a su padre, un popular gaucho de la región que cantaba bagualas y supo protagonizar duros duelos criollos.
Nació en la finca "La Matilde" de El Sunchal, cerca de Perico del Carmen (provincia de Jujuy),el 8 de agosto de 1937 .
A los diecisiete años tuvo su primera guitarra, que aprendió a tocar con músicos locales.
En 1957 se trasladó a Salta, donde cantó en el bar Madrid y poco después integró Las Voces del Huayra hasta 1959.
Fue con este grupo, con el que actuó en la Compañía de Ariel Ramírez y efectuó grabaciones. Pasado algún tiempo, formó parte de Los Cantores del Alba y cantó a dúo con Alberto Sauad.
A principios de 1961, ya solista, hizo presentaciones radiales y televisivas en Uruguay y Brasil. Un año después viajó a Cosquín, a cuyo escenario principal llegó después de triunfar en las peñas. EnBuenos Aires actúa en "La Pulpería de Mandinga" por el Canal 9 de televisión, y en radios y teatros.
Obtuvo el primer premio del 2º Festival Odol de la Canción con la zamba de Marta Mendicute Que seas vos y, casi de inmediato, su versión de Zamba de mi esperanza, de Luis Morales, se convirtió en un extraordinario éxito.
Realizó varias temporadas en el Teatro Odeón y giras nacionales con el espectáculo "Otra vez folklore".
En 1972 visitó España, país donde residió hasta 1976, presentándose también en otros países europeos.
Cuando regresó a su país, planeó un viaje a caballo de Buenos Aires a Yapeyú (Pcia. Corrientes) para conmemorar el bicentenario del nacimiento del general San Martín.
ElTurco decía de sí mismo: no soy poeta, soy cantor y hago canción lo que escriben los poetas de mi país. El emblema fue la Zamba de mi esperanza.
La última entrevista, días antes de partir en el viaje en el que perdería la vida y se volvería inmaterial pero trascendente, la concedió por radio al programa 'Un alto en la huella', de Miguel Franco. Allí leyó un poema de José Pedroni, Quinta Luna, para honrar a su esposa, embarazada entonces de su sexta hija, que nacería apenas un mes más tarde. No la vería pero no podía saberlo. Bromeaban, entonces jocosos, sobre aquellos que no creían en su travesía. Él, siempre poético, contestó: "A mí me controlan los que viven a la vera de los caminos, pero como no tienen ni medios ni periodismo, no lo escucha nadie. Si quieren verme, que me sigan el rastro". Iba hasta Yapeyú pero no llegó. Su muerte fue un aullido en medio del silencio.