jueves, 21 de septiembre de 2017

Estrenan documental sobre el mítico Juan Carlos Cobián

En la Apertura oficial del 7mo. Festival Nacional de Tango Carlos Di Sarli de Bahía Blanca se estrenará el documental "Cobián" sobre la vida y obra del Pianista, director, compositor y letrista Juan Carlos Cobián, escrito, dirigido, y producido por José Valle y Gabriela Biondo. La cita será el jueves 28 de Septiembre a las 18hs en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560).
Juan Carlos Cobián, fue un destacado compositor, director de orquesta, pianista y letrista de tango argentino que nació en Pigüé, Provincia de Buenos Aires,el 31 de mayo de 1896.
Fue el autor de “Nostalgias”, “Los mareados”, “La casita de mis viejos”, “Niebla del Riachuelo”, “El motivo” (con letra de Pascual Contursi que grabara Gardel), “Salomé” (considerado junto con “Sans Souci” de Enrique Delfino, los primeros “tangos-romanza”), "Biscuit", "Gitana", "El cantor de Buenos Aires", "Rubí" y una pieza de colección de una belleza elogiada por los más exigentes intérpretes: "Mi refugio", entre otros.
El 10 de diciembre de 1953, dejaba este mundo. Tenía 57 años, pero había conocido la vida como si acabara de cumplir un siglo.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Alberto Vila

Nació en Montevideo el 25 de septiembre de 1903.
 Los cronistas registran que debutó como artista en la Trouppe Ateniense dirigida por Víctor Soliño, Roberto Fontaina y Ramón Collado. Los primeros temas los interpretó en privado para el grupo de iniciados, pero el debut lo hizo en el Teatro Solís de Montevideo el 6 de octubre de 1927. Entonces, el tema que le permitió ganar el afecto del público fue “Siga el corso” de Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez.
La sesión musical en Uruguay debe de haber sido buena, porque dos meses después actuó en el Coliseo de Buenos Aires y el público lo aplaudió de pie. El éxito fue tan arrollador que a las pocas semanas grabó cuatro temas para el sello Víctor, un privilegio al que sólo accedían los que entraban por la puerta grande de la fama. En la ocasión, los temas que registró fueron “Ensueño”, de Homero Manzi y Sureda; “Perdónala”, de Soliño, Fontaina y Agnese; “Che papusa oí”, de Enrique Cadícamo y Gerardo Matos Rodríguez, y “Niño bien”, de Soliño, Fontaina y Collazo.
Para esa época, Vila trabajaba en el Banco de Descuentos de Montevideo y los fines de semana se escapaba a Buenos Aires para cumplir con sus compromisos artísticos. Las cosas con el tango deben de haber dado sus frutos, porque a principios de 1929, organizó una gira por Europa, pero desistió del emprendimiento porque lo contrataron por tres meses en Radio Prieto y luego se incorporó a la programación de los teatros Empire y Florida. Fue entonces cuando renunció al empleo en el banco y se lanzó de lleno a su carrera de artista. No le fue mal. En el teatro Empire, entonces ubicado en la esquina de Maipú y Corrientes, compartió el escenario con Josephine Baker, acto que lo consagró como una de las grandes revelaciones de la noche porteña. Ya para esa fecha, había grabado su primer disco como solista. Allí, quedaron registrados la zamba “Golondrinas”, el vals “En un pueblito español” y el fox trot “Príncipe azul”.
El cartel de la noche porteña en aquellos años no era muy diferente al de la noche montevideana. Si se triunfaba en una orilla había muchas probabilidades de triunfar en la otra. Vila no fue la excepción, como lo demuestra el hecho de ser contratado por Radio El Espectador y Radio Sport. Allí intervino acompañado por las guitarras de Baudino, Pando y Pérez. Alberto Vila grabó hasta 1942 más de cien temas (ciento tres, dicen los coleccionistas), algunos realmente memorables. En la actualidad, no es fácil hallarlos en las disquerías, pero con paciencia algo se puede encontrar. Hace unos años, el sello Altaya publicó una colección bastante completa del tango y allí se incluyeron algunos de sus temas, todos acompañados con guitarras.
 Sus mejores creaciones recomendaría “Agua florida”, “Che papusa oí”, “Tengo miedo”, “Garufa”, “Esta noche me emborracho”, “Adiós muchachos”, “Cómo se pianta la vida” y “Sacate el antifaz”, un tema que interpreta como los dioses; se trata de un poema escrito por Alberto Munilla con música de Orlando Romanelli que Vila lo grabó en 1930. Algunos versos del poema merecen recordarse, particularmente su estribillo: “Sacate el antifaz/ Marquesa de Trianón/ quiero mirar tu faz/ y darte el corazón/ debe de ser un sol/ tu rostro angelical/ te ruego por favor/ sacate el antifaz”.
En los años treinta, la fama de Vila se consolidó a través del cine. En poco más de diez años filmó doce películas. Rubio, pintón, simpático y dueño de una sonrisa ganadora, a su talento musical le sumaba condiciones actorales que sin ser excepcionales le permitían brillar con luz propia. En 1936, filmó “Radio Bar” dirigida por Manuel Romero. Lo acompañaban Lidia y Victoria Desmond, Gloria Guzmán, Juan Carlos Thorry y la orquesta dirigida por el maestro Elvino Vardaro.
En 1939, actuó en “Cuatro corazones” y “Retazo”. Y en 1940, participó en lo que para muchos fue su mejor película: “La casa del recuerdo”, dirigida por Luis Saslavsky. Allí, canta un tema a dúo con Libertad Lamarque que los coleccionistas darían su vida por conseguirlo. También en el año cuarenta filmó “Confesión”, inspirada en el poema de Enrique Santos Discépolo. La película producida por Argentina Sono Films la dirigió José Moglia Barth, con guión de Homero Manzi y la música a cargo de la orquesta de Ricardo Malerba.
Allí, hay una escena que merece tenerse en cuenta. Un grupo de señoritas y “niños bien” salen de algún local nocturno. Están vestidos como vestían los millonarios en aquellos años: ellas de largo y ellos de frac y moñito. Están todos alegres, seguramente con unas copas de más. En la puerta del salón hay un coche tirado por un caballo blanco y un viejo cochero en el pescante. Las niñas hacen exclamaciones de alegría como harían hoy en la misma situación si encontraran a esa hora un taxi desocupado. Es en ese momento que entre el grupo de muchachos calaveras se destaca Alberto Vila. Está en su mejor momento. No ha cumplido aún cuarenta años y es la gran estrella del cine porteño. Se acerca al coche y sorpresivamente serio le dice a los amigos. “Éste no es un coche, es una sombra, es un recuerdo”. Todos hacen silencio. Y en ese momento se escucha la música y Vila empieza a cantar “El pescante”, uno de los grandes poemas de Homero Manzi. Hoy, gracias a Internet y Youtube se puede disfrutar de esa escena. Es una joya del tango y Alberto Vila está como nunca.
Después filmó “Mañana me suicido”, “Amor último modelo”, “Camino al infierno” y “Adiós pampa mía’’, acompañado por Alberto Castillo. Los éxitos fílmicos de Buenos Aires no son muy diferentes a los que luego conquistará en Montevideo. En 1938, estrenó en la sala del Ambassador, entonces ubicada en Julio Herrera y Obes, entre 18 de Julio y San José, la película “Soltero soy feliz”. También pertenece al ciclo montevideano, “Los tres mosqueteros”, con Iris Margo, una película que por exigencias del libreto sus principales escenas se filmaron en el parque Capurro de la capital oriental. La consagración definitiva, Vila la logró filmando en La Meca del cine de entonces: Hollywood. Allí, y acompañado nada más y nada menos que de Maureen O’Hara, actuará en “Sucedió en la Argentina”, donde se luce cantando en inglés y castellano.
En la plenitud de su fama y antes de cumplir los cincuenta años, Vila decidió retirarse del mundo del espectáculo. Lo hizo en 1946 y lo hizo para siempre. Ese retiro voluntario explica, tal vez, su “desaparición” de las disquerías.
 Vila murió en Montevideo el 23 de febrero de 1981. Pocos, muy pocos, se enteraron de su muerte. La noticia salió en algunas páginas de tango. No era para sorprenderse: hacía más de tres décadas que estaba fuera de circulación. Vivía en Buenos Aires, pero curiosamente murió en Montevideo, su ciudad natal.

sábado, 2 de septiembre de 2017

ROBERTO "CHOCHO" FLORIO

Nació el 9 de noviembre de 1929 . Su nombre completo era Roberto Ángel Florio, los amigos lo llamaban Chocho. Cuentan que el tio de Roberto,"Don Chicho",un obrero textil,que buscaba mejores horizontes había armado en su casa un telar y buscaba la ayuda de jovenes aprendices que quisieran aprender el oficio, y que además supieran lo necesario para que le enseñaran a su sobrino. Roberto era en ese entonces un pibe de 14 años. Por fin encontró un ayudante que le gustaba. Algunas veces los muchachos se quedaban algunas horas solos, entonces, y pese al ruido de las máquinas, el joven ayudante se ponía a cantar tangos y de inmediato, el chico, mientras aprendía el trabajo, comenzó a cantar con él. Los jovenes se hicieron amigos para toda la vida. El mayor se dedico a ser cantor profesional y se hizo conocido como Jorge Casal y el otro, siguio el mismo camino artistico, y el "Chocho" se convirtio en Roberto Florio. El tiempo los vio crecer artísticamente,cada uno siguió su propio camino. Roberto cumplió veinte años y su familia lo alentó a presentarse a un concurso de cantantes, El certamen estaba organizado por Raúl Outeda y Roberto Casinelli en el club Federal Argentino del barrio de Saavedra. Entre los concursantes estaba Roberto Goyeneche, pero ese concurso lo gano Roberto Florio
Gracias a este premio, tuvo varias propuestas que indicaban que se había hecho notar. Le ofrecieron y aceptó hacerle cambios a Alberto Marino en el Café Los Andes, del barrio de Chacarita.
Cantaba como lo hacia en el barrio, sin conocimientos musicales academicos, siguió consejos y estudió con unos guitarristas,que daban cursos de canto y más tarde con una profesora de música.
Pasó a actuar en La Armonía de Corrientes al 1400 y Lorenzo Barbero que formaba parte la "troupe" lo convencio a unirse como vocalista a su orquesta de la"Argentinidad". Actuaron juntos durante tres años.
En 1951,Roberto Florio grabo para el sello Pampa, "Tomá mate, tomá mate", a dúo conCarlos Del Monte.
En 1952 lo convocaron para grabar dos temas como solista: "Serranita" y "La virgen del perdón".
Tiempo después, cambia de rumbo para colaborar con el conjunto de Oscar Castagnaro. Tiene varias presentaciones y una grabación para el sello TK: "Madre hay una sola" y retorna a Barbero para registrar un chamamé: "El recluta".
Su amigo del alma, Jorge Casal lo presento a Francini-Pontier, y lo contratan y llevan al disco para RCA en 1954: "Los cosos de al lao" y, en 1955, "Por una muñeca", "Cuartito azul", y "Por unos ojos negros". Los músicos se separan y Florio sigue con Armando Pontier, juntos graban "Lágrimas de sangre" y "Quemá esas cartas". El otro vocalista era, un uruguayito poco conocido, Julio Sosa.
Cuando lo convoca el maestro Carlos Di Sarli su repertorio crecio con temas que fueron éxitos entre 1956 y 1958: "Fogón de huella", "Por qué regresas tú", "Buenos Aires", "Derrotado", "Y todavía te quiero", "Cantemos corazón", "Pobre buzón", "Quién sino tú" este último a dúo con Jorge Durán, "Calla", "Soñemos", "Nuestra noche", "Destino de flor", "Cuanta angustia", "Por un te quiero", "Adiós Corazón, y "Serenata mía", a dúo con Jorge Durán,
Florio consiguio el pase a la orquesta de Alfredo De Angelis donde compartia el cartel con el cantor Juan Carlos Godoy. En 1958, grabo seis temas, para el sello Odeón.
Durán y Florio
Posteriormente forma, con su amigo el cantor Jorge Durán orquesta propia dirigida por el excelente pianista Orlando Trípodi, y graban para el sello RCA. En 1959 llega la orden terminar con las grabaciones de Tango desde la casa central en Estados Unidos. El binomio Florio-Duran estaban casi terminando un LP que no se editó. Con el tiempo pudieron rescatar el material y publicarlo parcialmente, entre los temas rescatados estaban"Dame mi libertad", "Yo no quise hacerte mal", "Un amor imposible", "Estrella" y, a dúo con Jorge Durán, "Regresa a mí", "Amor de resero" y "Ojos de canela".
Roberto Florio estaba casado con una hermana del bailarín Eber Lobato y quien consiguio que lo contrataran y llegó a cantar en Norteamérica. En el país del norte dejo grabado en otro viaje un disco simple con dos temas, acompañado por una agrupación que dirigia Héctor Garrido, esta vez convocado por un bailarín tanguero, Juan Carlos Copes.
De vuelta en BuenosAires se incorporó a la orquesta de José "Pepe" Basso donde estaban Jorge Durán y Floreal Ruiz. En 1962 grabo para el sello Music Hall los temas"Mano cruel", "Un amor imposible" y también un gran éxito con su versión de "Por qué la quise tanto". De alli en más continúa como solista presentándose en todos los"boliches tangueros" de Buenos Aires, en la televisión, y en giras por el interior del país. Con José Libertella vuelve al disco en 1967, posteriormente graba acompañado por Carlos García en 1969 y también, con Roberto Pansera.
Roberto Florio vuelve a grabar esta vez para el sello Magenta, un cassette en 1974 con el respaldo del TríoYumba., y dos temas más acompañado por la la orquesta dirigida porDante Smurra: "Estrella" y "Tu angustia y mi dolor". En 1980 hizo su ultima grabación, lo acompaño Armando Lacava, en tema "El último escalón".
Retirado de su oficio de cantor, con su esposa Gladys Lobato, pusieron una zapateria en las cercanias de la estación Primera Junta, que bautizaron"El buscapié",estaba ubicada en la calle Centenera 108 , El slogan publicitario rezaba: "Donde compran los tangueros",
Por problemas de salud, poco a poco fue dejando la actividad. Se tuvo que someter a una intervención quirúrgica y años más tarde, los mismos problemas de salud reaparecieron para terminar ganandole la batalla.
Como autor escribio varios tangos, uno de ellos se lo grabo Roberto Rufino, "Tabaco rubio". Florio y Rufino, competian entre si ya que el "Pibe" afirmaba que "Chocho" lo imitaba, pero la "sangre nunca llego al rio!
Falleció el 5 de octubre de 1993.

martes, 15 de agosto de 2017

Homenaje a Niní Marshall y Francisco Álvarez en el ciclo "Historia y Tango en el cine" de Bahía Blanca.

El Jueves 24 de agosto a las 17 hs el ciclo "Historia y Tango en el cine" presentará "HAY QUE EDUCAR A NINÍ" (95 minutos), con entrada libre y gratuita en el Centro Cultural de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560). La misma será presentada por el productor cultural José Valle quien hablará sobre los actores Niní Marshall y Francisco Álvarez.

“Hay que educar a Niní” fue dirigida por Luis César Amadori, con guion de René Garzón, Amadori y Tito Davison y se estrenó el 17 de julio de 1940. Protagonizada por Niní Marshall y Francisco Álvarez, completan el reparto Pablo Palitos, Nury Montsé, Héctor Calcaño, Cirilo Etulain, Mirtha y Silvia Legrand, entre otros.
Sin groserías y sin falsos recursos para provocar la risa, Niní Marshall crea una de las mejores comedias que ha dado el cine argentino. La gran estrella no recrea en esta ocasión a ninguno de sus populares personajes, se interpreta a sí misma venciendo su natural timidez.
Es la historia de una joven extra de cine que se hace pasar por la hija de un millonario financista a instancias de un abogado. En lugar de rechazarla, el millonario la adopta a escondidas de su mujer, y la interna en uno de los mejores colegios de señoritas para mejorar su educación. Un grupo de maestras se propone transformar la educación de Niní, tarea que no será fácil
Niní Marshall fue el seudónimo de Marina Esther Traveso,inició su carrera como redactora en la revista Sintonía en la década de 1930 bajo el seudónimo de Mitzy.​ Incursionó como cancionista en una serie de programas radiofónicos hasta que sus dotes para la comedia la llevaron a participar como actriz y formar un dúo cómico con Juan Carlos Thorry. Su popularidad fue en aumento y Manuel Romero la incorporó como actriz protagónica y guionista en la película Mujeres que trabajan (1938). Entre 1939 y 1940, encabezó una trilogía dirigida por Romero que incluyó los filmes Divorcio en Montevideo, Casamiento en Buenos Aires y Luna de miel en Río.
Su observación minuciosa de la sociedad la llevó a crear dos personajes emblemáticos, Catita y Cándida, dos arquetipos de la inmigración europea del siglo XX, con los que intervino en gran parte de sus películas. A comienzos de los años de 1940, encabezó las primeras superproducciones de la historia del cine argentino, Carmen (1943), Madame Sans Gene (1945) —por la que obtuvo el premio a la mejor actriz cómica de la ACCA— y Mosquita muerta (1946), todas dirigidas por Luis César Amadori. Tras el golpe de Estado de 1943, Marshall debió exiliarse en México luego de que las autoridades consideraran el lenguaje utilizado por sus personajes como «una deformación del idioma».3​ La situación se volvió a reiterar en 1950 cuando, en un confuso episodio, Marshall dejó de recibir ofertas de trabajo durante el gobierno de Juan Domingo Perón.
Su retorno al cine luego tras la caída del peronismo tuvo lugar en Catita es una dama (1956), que no tuvo el mismo éxito que sus películas anteriores. Sus siguientes actuaciones fueron en comedias de bajo presupuesto que le ofrecieron un lucimiento limitado y tuvieron una mala recepción. En cambio, sus presentaciones televisivas en los años de 1960 en el ciclo de Nicolás Mancera, Sábados circulares, generaron repercusión en el público.​ En 1973, fue convocada por Lino Patalano para desarrollar un espectáculo de café-concert, Y... se nos fue redepente, que alcanzó más de 1500 presentaciones y le permitió llevar a escena todos sus personajes. A lo largo de su carrera teatral, por su parte, se destacó en Coqueluche, Buenos Aires de seda y percal y La señora Barba Azul. Su éxito como humorista le valió los apodos de «la dama del humor» y «la Chaplin con faldas».​
Marshall se retiró del cine en 1980 después de filmar ¡Qué linda es mi familia! junto a Luis Sandrini, aunque en 1985 publicó sus memorias y continuó trabajando esporádicamente en televisión hasta 1988. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por los homenajes,entre los que destacan haber sido declarada «Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires» en 1989 y merecedora del premio Podestá a la Trayectoria en 1992. Al momento de su muerte en 1996, Marshall era considerada una de las figuras del espectáculo más importantes y reconocidas de la Argentina. En la actualidad, un teatro en Tigre y una calle de Puerto Madero llevan su nombre a modo de reconocimiento
Francisco Álvarez fue un actor de cine y teatro que nació en Buenos Aires, el 26 de julio de 1892 y falleció en Lanús, provincia de Buenos Aires, el 21 de abril de 1960.
Inició su carrera en teatro, circo y espectáculos revisteriles. Se consagró en 1937, cuando ganó el Premio al Mejor Actor por su papel en Lo que le pasó a Reynoso. Protagonizó algunos filmes como Los hijos artificiales y La importancia de ser ladrón. En el cine desde que debutó en La sangre de las guitarras (1937) hasta Patricia mía (1961) que fue estrenada luego de su fallecimiento. Fue señalada sus actuaciones en el filme que dirigió Luis César Amadori en 1940 Hay que educar a Niní en la que actuó con Niní Marshall y su muy festejada personificación de un abogado que para evitar un divorcio encuentra a una sosías de su hija y arma un enredo en Soñar no cuesta nada (1941) del mismo director. Compuso un personaje cómico en El tercer beso, de 1942 también de Amadori. En la década del 50 filmó en Venezuela "Yo quiero una mujer así" (1951) junto con Olga Zubarry, siendo esta película el debut como director de Juan Carlos Thorry, para luego continuar su carrera en películas dirigidas por Enrique Carreras. En el teatro la trayectoria de Francisco Álvarez estuvo en la línea cómico-sentimental en sainetes o comedias asaineteadas. Se incorporó en la década del '30 a la compañía Muiño-Alippi y posteriormente trabajó en muchas obras cómicas en otras compañías, recordándosele por su actuación en 1949 en la obra ¡Adiós...plata mía! de Tito Insausti y Arnaldo Malfatti que protagonizó con gran éxito en el teatro Astral junto a Diana Maggi y Olinda Bozán.​ En 1952 trabajó con Leonor Rinaldi en el Teatro Cómico en la obra Viuda fiera y avivata busca soltero con plata de Germán Ziclis y en 1953 protagonizó con Pepita Muñoz con gran éxito de público en el mismo teatro, la obra del mismo autor Casarse con una viuda, que cosa más peliaguda

lunes, 14 de agosto de 2017

2do.FESTIVAL NACIONAL DE TANGO ITINERANTE “DISCEPOLÍN” EN PUNTA ALTA


El Festival Nacional de Tango Itinerante DISCEPOLIN, dirigido por el productor cultural José Valle, se desarrollará en distintas ciudades de nuestro país y tendrá como misión difundir el tango en todas sus expresiones, como así también difundir la vida y obra del gran ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO. 
Los distintos eventos contemplan conferencias, debates, proyección de documentales y películas, presentaciones de libros, milongas, shows, espectáculos educativos de entretenimiento para chicos y reconocimientos a personalidades de la cultura nacional y popular.
La programación de cada edición se nutre de artistas invitados y locales para realzar la esencia y los valores culturales de la ciudad anfitriona. En todos los casos se realizan actividades varias para incluir públicos diferentes.
Gaby
El primer festival se desarrolló del 8 al 10 de enero de 2016 en la ciudad bonaerense de Villa Gesell .
Viernes 18 de agosto a las 18hs en el auditorio de la Cooperativa obrera de calle Brown 128 1er piso .Palabras del director del Festival Jose Valle y de integrantes del circulo Monteagudo
Proyección de la película “El Hincha” de Manuel Romero, con guion del propio Romero, Julio Porter y el conocido autor de tangos Enrique Santos Discépolo, quien es también el protagonista. Fue estrenada el 13 de abril de 1951, en el cine Ocean de Buenos Aires y fue el último trabajo cinematográfico del actor, autor y compositor de tangos.Sabado 19 de agosto a las 19 hs en el auditorio de la Cooperativa obrera de calle Brown 128 1er piso , Charla sobre la vida y obra de Enrique Santos Discepolo a cargo de Olga Gil y 
José Valle, y show musical con la cancionista Gaby "la voz sensual del tango", Juan Carlos Deambrosi y artistas locales.
Habrá exposición de monedas antiguas del coleccionista Juan Cruz Rodríguez, miembro del Centro Numismático Bahiense

José “Pepe” Basso

José Basso fue una pianista para respetar al frente de una orquesta para disfrutar. Por allí pasaron Floreal Ruiz, Francisco Fiorentino, Jorge Durán, Oscar Ferrari y el gran Alfredo Belusi. Uno de sus fueyes fue de Eduardo Rovira; Hugo Baralis estuvo presente con su violín; en el chello contó con la presencia de Leopoldo Marafiotti.
Fue una orquesta notable la que constituyó José “Pepe” Basso en 1947 y que, con las variaciones del caso, mantuvo durante décadas convocando multitudes en los clubes, brindando funciones en los elegantes locales nocturnos de la ciudad, realizando verdaderos conciertos en la radio y, a la llegada de la televisión, conquistando a la platea con el ritmo de su orquesta y ese toque suyo de tocar el piano de pie, una marca tan registrada como la de D’Arienzo haciendo su show saltarín en el escenario o Aníbal Troilo dormitando sus solos de bandoneón a la luz de un faro azul.
Con Troilo, precisamente, Basso rindió las asignaturas necesarias para iniciarse con orquesta propia. Entró a la orquesta de Pichuco por la puerta grande, en reemplazo de una de las celebridades de entonces, Orlando Goñi, el “Pulpo”. Fue en septiembre de 1943, y antes de fin de mes grabó su primer disco. Fue “Farol”, el tema de Homero Expósito.
Cuatro años el piano de Basso estuvo con Troilo, donde quedaron grabadas como testimonio, 88 temas. En 1947, consideró que el derecho de piso estaba pagado y se decidió a dirigir su propia orquesta. Su lugar fue ocupado por Carlos Figari, un buen pianista para reemplazar a otro buen pianista. Troilo en esos temas nunca se equivocaba.
José Basso nació en la ciudad de Pergamino el 30 de enero de 1919. Sus padres lo alentaron para que estudiara Ingeniería, pero al poco tiempo dejó la facultad por el tango. Dicen que le gustaba el fútbol y reunía condiciones para ello. En algún momento -se afirma- jugó en la primera de Boca, pero lo seguro es que dejó la pelota por el piano.
Al piano, en realidad, lo aprendió a tocar de pibe y no había dejado los pantalones cortos cuando ya estaba entreverado en los escenarios. A los diecisiete años integraba la orquesta de Emilio y José de Caro. Poco tiempo después lo vemos en el trío en el que participan también Gallardo y Ayala.
Como los grandes músicos de su tiempo, Basso fue cumpliendo con todos los requisitos exigidos en el exigente ambiente del tango. Uno de ellos, formarse al lado de los mejores. Es así como probó su valía con las orquestas de Francisco Grillo, José Tinelli, Antonio Bonavena y Anselmo Aieta. Para esa época, conoce a Alberto Soifer, el director de la orquesta estable de uno de los míticos programas de tango de la década del cuarenta: “Ronda de ases”. Fue un curso acelerado de calidad musical y relaciones públicas. Por allí pasaban las grandes orquestas de esos años: Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese, Osvaldo Fresedo, Ricardo Tanturi, Ángel D’Agostino, Edgardo Donato y Juan D’Arienzo. Es en ocasión de esas sesiones de alta calidad tanguera cuando Troilo “le pone el ojo” al piano de Basso.
Cuando funda su orquesta todavía no tenia treinta años, pero ya era todo un maestro. Éstos son los músicos que estuvieron presentes en la noche de gala del Ocean Dancing de Leandro Alem. En la línea de bandoneones estaban Julio Ahumada, Eduardo Rovira, Adolfo Francia y Andrés Natale. Con los violines se destacaban Mauricio Musé, Francisco Oréfice, Francisco Fernández y Domingo Serra. En el violonchelo, Leopoldo Marafiotti y Rafael del Bagno en el contrabajo. Los cantores fueron entonces Ortega del Cerro y Ricardo Ruiz. No estaba mal para plantarse en el universo competitivo y exigente de los años cuarenta.
Con el paso de los años, la orquesta de Basso se transformará en un clásico de la noche tanguera. Las presentaciones de Cacho Fontana contribuirían a ampliar su popularidad. “Basso y sus bassitos”, será la carta de presentación. Sus discos en esos años empiezan a venderse como pan caliente. Sus interpretaciones instrumentales son tan requeridas como sus poemas cantados por los verdaderos astros que desfilaron durante décadas por su orquesta
Horacio Ferrer dirá de la música de Basso: “Su estilo caracterizado por la brillantez sonora, la sucesión de solos encadenados y los pasajes de “tuttis” de piano y orquesta de división rítmica muy peculiar con broches invariablemente ralentados que esquematizaron un tanto sus versiones”.
Por su parte, Luis Adolfo Sierra considera que “José Basso mantuvo siempre una ponderada línea de equilibrio entre las exigencias de las formas esencialmente bailables y los atractivos estéticos de las orquestas modernas con cierta elasticidad en las licencias rítmicas. Se trata de una orquesta con brillantez sonora inconfundible muy propensa a los “rubattos” y a los ralentados, acentuados generalmente a través de vigorosos y llamativos forttísimos.
Basso se dio el lujo no sólo de interpretar temas de Piazzolla, sino de hacerlos bailables sin degradarlos. Es el caso de “Adiós Nonino”, “Contratiempo”, “Prepárense” o “Triunfal”. También se dio le lujo de musicalizar dos poemas de Jorge Luis Borges: “Milonga para Albornoz” y “Milonga para los orientales”.
En la década del cuarenta, y cuando el tango inició un período de declinación, la orquesta de Basso mantuvo intacta su popularidad. En el Café Marzotto de calle Corrientes, en la confitería “Ruca”, en Radio Belgrano, en el Sans Souci y en Ocean Dancing, podía disfrutarse de sus tangos, mientras que no hubo pista de baile en Buenos Aires que no gozara de su música bailable.
A todo esto, Ortega del Cerro fue reemplazado por Francisco Fiorentino y en 1949 graban su primer disco para el sello Rca-Víctor. Fiorentino canta “Mi noche triste” y Ricardo Ruiz interpreta “Sentimiento gaucho”. Completan esta grabación, que no salió a la venta, “Dos que se aman” y “Se han sentado las carretas”. Sí llega al publico la placa en la que Ruiz canta “Claveles blancos” y Fiorentino “El bulín de la calle Ayacucho”.
Los cantores de Basso fueron una cosa seria. A Fiorentino lo reemplazó Jorge Durán y a Ruiz, Oscar Ferrari. Después pasaron por allí el Tata Floreal Ruiz, el Negro Belusi, Roberto Florio, Héctor de Rosas, Carlos Romi, Luis Correa, Juan Carlos Godoy, Aníbal Jaulé, Quique Ojeda, y me pueden quedar algunos ases en el tintero.
En 1967, viajó a Japón contratado por un mes y la aceptación fue tanta que se quedó ocho. Para esos años, un hombre del tango y de la noche podía complacerse con su música y sus cantores en el Viejo Almacén, Caño 14 o El Rincón de los Artistas”. Ya para entones, el tango de Juan Canaro y Osvaldo Sosa Cordero, “Ahí va el dulce”, era su clásica carta de presentación.
Los tangos de Floreal Ruiz merecen nombrase: “Por la vuelta”, “Lo han visto con otra”, “Marionetas”, “El Motivo”, son excelentes, pero mi preferido es “Vieja amiga”. Belusi por su parte grabó con él tangazos como “Lo que vos te merecés” y “Sueño malevo”. El tango de Luis Rubistein, “Venganza”, escrito en 1934, fue un clásico de Oscar Ferrari que recién lo grabó en 1974. Su estribillo aún lo puedo citar de memoria: “No me dejes sola, no te vayas mi alma, dame un beso grande esos que das vos; no te quedes muda ni mirés con rabia, no ves que me muero sin perdón de Dios”. Jorge Durán se destacó con “Martirio”, “Tomo y obligo” o “Cuando me entrés a fallar”.
Basso grabó 221 tangos, 10 valses, quince milongas y una canción, además de 86 temas instrumentales. A sus condiciones de pianista y director, le sumó las de compositor. Pertenecen a su autoría, entre otros “Me están sobrando las penas”, “Rosicler” y, “Mundana”.
El 29 de julio de 1990, en el salón Dorado del Teatro Colón, le rinden los merecidos honores. Sin duda que se los había ganado después de medio siglo de hacer buena música. José Hipólito Basso, murió en Buenos Aires el 14 de agosto de 1993.

domingo, 30 de julio de 2017

Yupanqui y Piazzolla 25 AÑOS en Bahía Blanca

Al cumplirse en este año 25 años de la partida de dos imprescindibles de la historia de la música nacional como lo son Atahualpa Yupanqui y Ástor Piazzolla, el próximo sábado 5 de agosto a las 21,30 hs en el Teatro Municipal de Bahía Blanca, se presentará el espectáculo "YUPANQUI Y PIAZZOLLA 25 AÑOS" con un elenco de lujo: las destacadas cancionistas Nora Roca y Gaby "la voz sensual del tango", el virtuoso guitarrista Jorge Vignales, la exquisita concertista de piano Susana Persia y el grupo "Volpe Tango Contemporáneo" dirigido por el afamado pianista, compositor y arreglador Víctor Volpe.
Este concierto repasará lo más destacado de la obra de los dos míticos músicos nacionales.
Bajo producción de José Valle, para el prestigioso “Ciclo cultural Bahía Blanca NO Olvida”.
Atahualpa Yupanqui:Nació el 31 de enero de 1908 en el Campo de la Cruz (de la familia Segoburo, sus tíos abuelos vascos). Era una antigua posta rural, equidistante del pueblo de Colón y del pueblo de Pergamino, al norte de la provincia de Buenos Aires.
. Fue improvisado maestro de escuela, luego tipógrafo, cronista y músico. Jugó tenis, boxeó y se hizo periodista. A los 19 años de edad, compuso su canción «Camino del indio».​ Conoció Jujuy, los valles calchaquíes y el sur de Bolivia.
La cantante Edith Piaf lo invitó a actuar en París el 7 de julio de 1950. Inmediatamente firmó contrato con Chant du Monde, la compañía de grabación que publicó su primer LP en Europa, Minero soy, que obtuvo el primer premio de mejor disco de la academia Charles Cros, que incluía 350 participantes de todos los continentes en el Concurso Internacional de Folclor. Posteriormente, viajó extensamente por Europa.
N. Roca y V. Volpe
Yupanqui alternaba entre sus casas en Buenos Aires y Cerro Colorado (provincia de Córdoba). Durante 1963 y 1964, realizó una gira por Colombia, Japón, Marruecos, Egipto, Israel e Italia. En 1967 realizó una gira por España estableciéndose finalmente en París (Francia). Volvió periódicamente a la Argentina ―en manos de diversas dictaduras―. En 1973, con el regreso de Juan Domingo Perón, apareció en la película Argentinísima II. Pero sus visitas se hicieron menos frecuentes cuando la dictadura cívico-militar (1976-1983) de Jorge Rafael Videla llegó al poder en marzo de 1976.
Con el regreso de la democracia, a mediados de los años ochenta presentó varias obras en el famoso café concert y galería La Capilla, ubicado en Suipacha 842 (Buenos Aires). En 1985 obtuvo el premio Kónex de brillante como mayor figura de la Historia de la música popular argentina.11​ En 1986, el Gobierno de Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 1987 volvió a Argentina para recibir el homenaje de la Universidad Nacional de Tucumán. En 1989 debió internarse en Buenos Aires para superar una dolencia cardíaca, pese a lo cual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. Sin embargo, a los pocos días Yupanqui viajó a París para cumplir con un contrato artístico.
El 14 de noviembre de 1990 falleció en Buenos Aires su esposa Paula Nenette Pepín (1908-1990).
En 1992, Yupanqui volvió a Francia para actuar en la ciudad de Nîmes, donde se indispuso y falleció el 23 de mayo de 1992. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerro Colorado.
Gaby 
Sus composiciones forman parte del repertorio de innumerables artistas, tanto en Argentina como en distintas partes del mundo.
Astor Pantaleón Piazzolla nació en Mar del Plata, Argentina en 1921, vivió gran parte de su niñez con su familia en Nueva York, donde desde muy joven entró en contacto tanto con el jazz como con la música barroca de Bach.
Piazzolla conoció a Carlos Gardel en Manhattan en 1934, al llevarle un presente realizado por su padre. A Gardel le cayó muy bien el joven, y le resultó muy útil para realizar sus compras en la ciudad, ya que el joven conocía muy bien la ciudad, además que dominaba el inglés, idioma que Gardel desconocía totalmente. Al año siguiente el cantor lo invitó a participar en la película que rodaba en esos días, El día que me quieras, como un joven vendedor de diarios.
En 1938 llegó a Buenos Aires, donde, luego de pasar brevemente por varias orquestas, fue incorporado a la del bandoneonista Aníbal Troilo, que se había constituido en 1937 y jugó un papel trascendental en el apogeo del tango en los dos decenios siguientes. Además de bandoneón de fila, Astor fue allí arreglador y ocasional pianista, en apurado reemplazo de Orlando Goñi, tan brillante como incumplidor. Troilo prohijó a Piazzolla.
El ímpetu renovador de Astor comenzó a desplegarse en 1944, cuando abandonó a Troilo para dirigir la orquesta que debía acompañar al cantor Francisco Fiorentino. Aquella fue la extraordinaria conjunción de un vocalista enormemente popular y un músico de talento único.
En 1960 forma la agrupación que definiría su estilo musical definitivamente, que sería la base de agrupaciones posteriores y a la que volvería cada vez que se sentía frustrado por otros proyectos: el Quinteto Nuevo Tango, formado en su primera versión, por Piazzolla en el bandoneón, Jaime Gosis en piano, Simón Bajour en violín, Kicho Díaz en contrabajo y Horacio Malvicino en guitarra eléctrica.
Con esta agrupación daría a conocer Adiós Nonino y todas las composiciones que dieron forma a su estilo y que serían las más recordadas: Las Estaciones (Verano Porteño, Otoño Porteño, Invierno Porteño y Primavera Porteña), La Serie del Ángel (Introducción al ángel, Milonga del ángel, Muerte del ángel y Resurrección del ángel), La Serie del Diablo (Tango diablo, Vayamos al diablo y Romance del diablo), Revirado, Fracanapa, Calambre, Buenos Aires Hora Cero, Decarísimo, Michelangelo ´70 y Fugata, entre otros. Esa última pieza está basada en la obra del compositor alemán Johann Sebastian Bach.
En 1967 empieza su colaboración con el poeta Horacio Ferrer, con quien compuso la operita María de Buenos Aires, que se estrenaría al año siguiente, con la cantante Amelita Baltar. Por otra parte, Piazzolla inicia con Baltar una relación sentimental que durará cinco años.
En 1969, Piazzolla y Ferrer componen la exitosa Balada para un loco, que supondría una popularidad súbita para Piazzolla.
Luego de unos años de recibir premios por sus composiciones y de experimentar con un noneto, en 1972 se presenta por primera vez en el Teatro Colón y comparte escenario con Anibal Trolio y Horacio Salgán. En 1973 graba en Italia Libertango.
El 4 de agosto de 1990, Astor sufrió una trombosis cerebral mientras estaba en París que, lamentablemente, le dejó serias secuelas que no superó. Piazzolla murió en Buenos Aires, el 4 de julio de 1992, a los 71 años.